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Revista Mad. No.2. Mayo 2000. Departamento de Antropología. Universidad de Chile
http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/mad/02/paper06.htm

Jorge Peña. Perspectivas Acerca de...

Introducción

El propósito de éste trabajo es elaborar una línea temática que nos acerque a la comprensión, énfasis, alcances y críticas -de y hacia- algunos de los más relevantes modelos teóricos que propugnan que, de alguna manera, la exposición a los medios de comunicación de masas tiene efectos en la esfera de la vida psíquica de los seres humanos, específicamente en su valoración del fenómeno político, ya sea este en el orden de las actitudes de quienes vivimos diariamente expuestos a sus múltiples mensajes, formas o recursos de presentación (o representación), como en las conductas manifiestas y los afectos del espectador de este nuevo escenario, recurrentemente caracterizado por frases como "globalizado", "hiperreal"; unido por "autopistas de información".

La primera distinción que se intentará establecer es entre el mensaje y el medio como unidades primarias de análisis, lo que responde a la necesidad de entender el fenómeno de influencia de una manera comprehensiva, pero a su vez restringida a los supuestos efectos de los medios de comunicación de masas en las gentes, en específico frente a lo que se ha denominado "opinión pública" como una suma hipotética de las actitudes individuales, dentro de un contexto social, acerca de un tema de interés común. También responde a la intención de que el análisis no llegue sólo hasta lo denotativo, lo racional o del common sense, capaz de confundir "lo evidente" por lo "de contenido"; problemas en que incluso la supuesta "ciencia dura" (y, como todo buen sólido, lenta en sus reacciones, pesada y, porque no decirlo, obtusa a veces hasta el fundamentalismo en sus creencias) muchas veces ha tendido a caer, problema óptico que en la medida de lo posible será evitado en el desarrollo de este trabajo.

Evidentemente debemos ser cautos con respecto al tema de la opinión pública ya que este parece estar en una encrucijada entre la psicología social, la llamada psicología de la comunicación, la retórica, la semiótica, la filosofía del lenguaje, la lingüística, las ciencias políticas, la antropología, la sociología, las relaciones públicas, el periodismo y el "marketing electoral", por nombrar algunos. Pretender dar coherencia a visiones aparentemente segmentadas y a veces contrapuestas tanto entre sí mismas como en su propio seno por sus disputas internas, no es tarea fácil y tal vez requiera el perfeccionamiento que sólo la experiencia, sea cual sea su índole, puede entregarnos.

Debemos precisar también que el enfoque que adoptaremos en la distinción mensaje/medio no implica un énfasis en los aspectos tecnológicos o de procedimiento y estilo que puede implicar el uso ambos términos, sino que se centrará en los efectos en la interpretación del texto mediático, la suma compuesta de imágenes y sonidos y su propio lenguaje, culturalmente cercano y representativo de la sociedad que posibilita este tipo de comunicación como al lenguaje propio del cine y la televisión, cuyos códigos estilísticos están fuertemente arraigados en el público como para que este sea capaz de descifrar el mensaje de forma más o menos predecible, enmarcando este proceso dentro de la complejidad a la que está sujeta la persona dentro como fuera de su cabeza y de las convenciones y posibilidades técnicas del medio, en este caso el cine y la televisión, ambos principales medios donde se enfoca este trabajo.

Es claro que el centrar el análisis meramente en los efectos de los medios sobre la actitud y la conducta es una distinción causalista que parece ficticia y hasta equívoca. Ficticia en tanto separamos por conveniencia puramente analítica el continuo que existe entre lo que denominamos actitud y su función conductual. ¿Ficticia?, casi fantástica, ya que simbólicamente separamos a fortiori un contexto de otro que lo abarca, como es el mundo socio-cultural y sus efectos en lo individual, así como de las propias formas de organización mínimas del individuo. Es una distinción discutible además, por los posibles errores epistemológicos que implica cualquier intento de aunar las visiones acerca del caso tanto desde perspectivas literarias, humanistas, metodológicas, de las ciencias sociales, o claramente ideológicas o interesadas; así como por la descontextualización o falta de profundización de los supuestos efectos del mass-media dentro otros marcos de influencia, como la pertenencia a grupos, el conformismo, el consumismo, los modelos de cumplimiento, obediencia (compliance), las variables socioeconómicas, nivel de escolaridad, el liderazgo, el género, la edad, el poder, entre otros.

Separamos un fenómeno de su contexto para describirlo y finalmente de entenderlo, siguiendo de cierta forma al anticuado y criticado "modelo de los efectos de los medios" (Lemert, 1983; Eco, 1986; Capozzi, 1999; Chandler, 1994, 1999; McQuail, 1991; Gauntlett, 2000), que más que una hipótesis estructurada es una presunción de que un fenómeno es función de otro, en donde definimos una serie de hechos dispersos y diversos, intervenidos por diversas variables multifuncionales y heterogéneas en sus niveles de análisis, todo en búsqueda de un verdadero modelo explicativo. Si a esto agregamos que los modelos de análisis muchas veces son prestados de otras disciplinas y, por tal muchas veces pensados para explicar otros hechos, no nos queda más que seguir adelante con lo que tenemos o adoptar una postura crítica. De estas dos opciones este trabajo opta por la primera; una postura revisionista requiere un compromiso no sólo discursivo, sino intelectual y metodológico lejano a las pretensiones de esta monografía.

No olvidemos que todas las teorías que a continuación revisaremos son considerablemente miopes a la influencia de lo afectivo en la decodificación del mensaje y más bien plantean una visión de hombre atrapado por diversos condicionantes o determinaciones -algo frente a lo cual podemos discutir sin esperanzas de un acuerdo cercano.

No podemos permitir que las teorías nos pinten el retrato de un hombre frío y sin pasiones que ejerce o es compelido a un proceso de decodificación y semiosis bajo una perspectiva meramente cognitivista e ingenua, y a veces ciega -o selectiva-, según se guste. Tampoco debemos caer en el error de tratar de abarcar muchos ámbitos, lo desdibujaría el fenómeno que tratamos de explicar; volviéndolo una masa informe, intelectualmente intragable, tal vez digno reflejo del caos conceptual e intelectual que genera el tratar de abarcar un fenómeno tan en boga como el de la comunicación como conjunto posible donde podemos enmarcar actualmente al fenómeno político.

A pesar de lo anterior, debemos hacer un intento serio de comprender la compleja interacción persona/medio que supondremos, en primera instancia, de nacimiento y cambio de actitudes por medio de estímulos remotos transmitidos por los medios de comunicación, en especial los de comunicación de masas. Construiremos entonces una línea temática que partirá sucintamente con los inicios de los estudios acerca de la comunicación persuasiva, las ideas acerca de los medios de Marshall McLuhan y el pensamiento marxista, para luego seguir con los modelos psicológicos acerca de la persuasión. Luego intentaremos una aproximación semiótica, enfoque elegido por su pertinencia para explicar nuestro fenómeno de interés, ya que es una herramienta actual para codificar y decodificar el mensaje, tanto por intensión u omisión. Finalmente trataremos de abordar la revisión de Lemart acerca de la posible influencia de los medios en la opinión pública según su óptica, donde confluyen nuevamente desde los aportes de la psicología social hasta las ciencias políticas.

Me permito, de modo de facilitar la lectura y el mejor entendimiento de este trabajo, hacer dos precisiones. Primero, este texto en sí fue afectado por las problemáticas acerca de las traducciones que se derivan de los planteamientos de Sapir y Whorf. O sea, que la reformulación del significado afecta muchos de los enunciados y modelos de este ensayo, ya que ellos fueron, como es costumbre en Latinoamérica y por lo tanto en nuestro país, traducidos y reelaborados a partir de textos en inglés. Si bien se afirma que "lo que se pierde" en la traducciones afecta más que nada a los textos literarios, la jerga científica o especializada indudablemente gana y -la mayor de las veces- pierde connotaciones y sutilezas retóricas de un lenguaje a otro, así como muchas veces lo que las palabras y su disposición en los textos transmiten en cierto idioma no son exitosamente replicados en otros sistemas o códigos lingüísticos. En estos casos se ha preferido poner junto a la traducción la palabra anglosajona original, para que esta sea en lo posible entendida en el idioma que las dio a luz.

Segundo, cualquiera que se fije atentamente en algunas fechas de las citas textuales o ideas de diversos autores dentro de otros textos, notará que estas no necesariamente coinciden con las que fechan del texto mismo en la bibliografía final. Esto se explica porque estos trabajos en particular son publicaciones "en línea" (on-line o de Internet) y que, dadas las características especiales de estos nuevos textos, ellos son constantemente revisados, reordenados y actualizados, por lo tanto lo que se fechó en 1994 puede perfectamente aludir a su revisión de 1999.


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