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LOS ENTERRATORIOS CHONOS

Caverna con enterratorios chonos disturbados
Caverna con enterratorios chonos disturbados

Una buena descripción del patrón funerario atribuido a los Chonos, lo encontramos en el relato del inglés John Byron en su obra "El naufragio de la Wager" (1768).

"Mientras vagábamos por la costa, en grupos separados, en busca de cualquier comestible, el cirujano, que andaba por su cuenta, descubrió un gran agujero que parecía conducir a alguna caverna o escondite entre las rocas. No sólo no era escabroso o natural, sino que presentaba señales de haber sido labrado y hecho accesible por la industria del hombre. El cirujano vaciló algún tiempo si se aventuraría a entrar, en la inseguridad de la recepción que pudiera hacerle cualquier habitante, pero, vencidos sus temores por la curiosidad, resolvió meterse, lo que hizo gateando con las manos y las rodillas, porque el paso era demasiado bajo para que pudiese entrar de otra manera. Después de atravesar así un trayecto considerable llegó a una cámara espaciosa, pero no pudo cerciorarse de si era natural o cavada a mano. La luz entraba a esta cámara por un agujero practicado en la parte de arriba y en el medio había una especie de anda hecha de palos entrecruzados, que descanzaba en unos puntales de cerca de cinco pies de altura. Sobre el anda había cinco o seis cadáveres rendidos y que, en apariencia, debían de haber permanecido allí desde largo tiempo, pero que no habían sufrido descomposición o reducción. Estaban desnudos, y la carne de los cuerpos se había puesto perfectamente seca y endurecida, sin que pudiésemos darnos cuenta de si esto se obtenía por algún arte o secreto que poseyeran los salvajes o si era ocasionado por alguna virtud secante del aire de la cueva, lo cierto es que, como el cirujano no hallase allí nada que comer, que fué el principal incentivo que lo hizo introducirse en la cueva, no se distrajo en mayores disertaciones ni hizo minuciosas observaciones que en otra ocasión habría efectuado, sino que salió arrastrándose como había entrado y al primero que encontró a su paso contóle lo que había visto. A algunos los hizo entrar también la curiosidad. Había olvidado decir que había otra fila de cadáveres, depositados de la misma manera, sobre otra plataforma debajo del anda. Probablemente era éste el sitio donde sepultaban a sus grandes hombres, que llaman caciques; pero nos fué enteramente imposible averiguar de dónde podían haberlos traído, porque no había señales de existir asiento de indios en los alrededores. En ninguna de las bahías y caletas que habíamos tocado desde que dejamos la isla divisamos ningún salvaje ni hallamos señales, como restos de las fogatas o cabañas abandonadas, que siempre ellos dejan tras su paso; y es muy probable que esta costa sea muy poco frecuentada a causa de los violentos mares que siempre la azotan, de su deforme aspecto y del suelo tan pantanoso que la cubre por doquiera."


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