Integración y Diferenciación Daniel Chernilo
Daniel Cherlino
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3. Niklas Luhmann. El Planteamiento de los Medios de Comunicación Simbólicamente Generalizados

"La mayor dinámica disruptiva e innovadora ha sido una reorganización de los mecanismos a través de los que se transmiten selecciones: una reorganización en dirección a una mayor diferenciación, especialización y una generalización simbólica de medios con el resultado de una mayor complejidad y contingencia. Esto ha cambiado las condiciones en las que un sistema social puede efectivamente operar como una sociedad. Si continuamos pensando en términos de la antigua tradición europea, el lugar de la sociedad aparece casi vacío. Incluso la abstracción de mayor formalización de esa tradición (el principio de la autosuficiencia de la sociedad, la definición del sistema en términos del todo y las partes, el postulado de una prioridad jerárquica de los mecanismos normativos por sobre los cognitivamente condicionados y de una solidaridad comunitaria) se ha hecho cuestionable. Si somos imparciales en nuestra observación, la emergencia de un nuevo sistema global, la sociedad mundial, es un hecho innegable. Esto requiere cambios correspondientes en el concepto de sociedad. Si estamos en lo cierto en nuestro supuesto respecto que la reorganización de los medios ha elevado la sociedad a un nuevo nivel de evolución, la exploración posterior de estos medios generalizados puede contribuir, tanto al nivel conceptual como empírico, a una comprensión adecuada de este nuevo fenómeno" (Luhmann 1977::527).

De modo similar a lo que sucede con Parsons, con el que estudió en Harvard a fines de la década del cincuenta, Luhmann ha sido criticado por la innecesaria complejidad de sus planteamientos y la existencia de tautologías en sus explicaciones. El propio Luhmann, de manera algo irónica, ha respondido esas críticas señalando que tal complejidad no es antojadiza; sino que se debe a una necesidad epistemológica de primera importancia: mejorar el nivel de abstracción de su teoría. A juicio del autor este es un punto donde la teoría sociológica ha presentado insuficiencias sistemáticas, en tanto se encuentra llena de debates redundantes y de polémicas de escaso valor heurístico. La complejidad terminológica y expositiva de su proyecto teórico se justificaría, por tanto, producto de la necesidad de responder a esa falencia.

Al interior de la teoría sociológica, Luhmann ha intentado llevar a cabo una radicalización del análisis funcional. En otras palabras, se trataría de romper con la camisa de fuerza que representa el paradigma parsoniano de las cuatro funciones para el análisis de los fenómenos sociales (Luhmann 1982b:57-8). El punto inicial del análisis luhmaniano está dado por lo que a su juicio es una muy insuficiente noción de causalidad de que disponía el funcionalismo de fines de los cincuenta. La causalidad es sólo una forma posible de relación funcional, no tiene por que asumir prioridad lógica o ontológica frente a otra clase de relaciones. En la perspectiva de Luhmann, el análisis funcional no es más ni menos que un método comparativo:

"la función no es un tipo especial de relación causal, sino que la relación causal es una caso especial de orden funcional" (Navas 1989:58). "Si dirigimos la atención al ámbito de las ciencias sociales, surge un nuevo cargo contra la vigencia de la causalidad en estas disciplinas: la dificultad práctica, que raya en la imposibilidad, de individuar las causas de los fenómenos sociales"(pp. 62).

Luhmann tiene pretensión de realizar una teoría general, sistemática. En las condiciones de alta complejidad y contingencia de las sociedades modernas, la propia teoría sociológica, en tanto tiene como objeto de estudio esa realidad social, no puede dejarse a sí misma al margen como objeto de explicación:

"La garantía y el sostén del método debe estar situado en el ámbito de incumbencia de la disciplina sociológica, de tal manera que ella pueda dar cuenta de sus presupuestos primeros: o, en el caso de no lograr tal pretensión, por lo menos ser consciente de por qué no es posible. La sociología como ciencia general que se aboca sencillamente a todo lo social está obligada a captarse a sí misma como parte integrante del objeto sobre el que ha de ocuparse" (Torres Nafarrete 1996:13).

El cómo generar conocimiento es parte del proceso de conocimiento respecto del cual la propia teoría deber dar cuenta. Luhmann es consciente que hoy en día, la posibilidad de desarrollar tales sistemas teóricos complejos y generales ha sido puesta en cuestión y cualquiera que se plantee un desafío semejante debe justificar muy bien su pretensión. Una teoría contemporánea de la sociedad contemporánea debe dar cuenta de la complejidad de su propio estatuto metodológico. Luhmann vincula su trabajo con la tradición dialéctica que conocemos a través de Hegel y Marx, pues en ellos encontraría un preocupación permanente por relacionar los problemas metodológicos con los derivados del desarrollo interno de la teoría. No obstante, se diferencia de esos autores al postular la contingencia como punto de partida del esfuerzo por conocer.

Como ya hemos mencionado, la propuesta de Luhmann es radicalizar la inclusión de los supuestos y conceptos del paradigma sistémico en el análisis de los fenómenos sociales. En su terminología, usar el concepto de sistema en su acepción más contemporánea remite ya no a un objeto que mediante límites determinados se distingue de su ambiente, sino a una diferencia, la diferencia sistema/entorno. Siguiendo el planteamiento de G. Spencer Brown, Luhmann sostiene que un sistema sería la forma de una distinción que siempre tiene dos caras, el sistema (interior) y su entorno (exterior). Ambos lados de la distinción son igualmente importantes pues se constituyen mutuamente. No hay sistema sin entorno. La diferencia entre sistema y entorno se refiere a diferencias de complejidad, pues el entorno es siempre más complejo que el sistema. En el lenguaje de la teoría de sistemas de Luhmann, los límites entre el sistema y el entorno son límites constitutivos, pues son esos límites los que literalmente producen los términos de la unidad sistema /entorno. Lo que esos límites separan son grados de complejidad.

A modo de contextualización, viene al caso en este momento una breve referencia a la evolución de la teoría general de sistemas. A juicio de nuestro autor, el paradigma de la teoría de los sistemas autorreferenciales es el tercer momento en la ‘historia’ del pensamiento sistémico. Sus primeras formulaciones se refieren al clásico postulado respecto del todo y las partes. Es el pensamiento 'sistémico no científico' que se sostiene en la premisa respecto de la importancia de la consideración no sólo de los estados individuales de las partes, sino también del análisis general del 'todo'. El segundo momento del análisis sistémico es el de la teoría general de sistemas planteada por L. Von Bertalanffy y que en el caso de la sociología tiene como su máximo exponente a T. Parsons. Las características de este segundo paradigma dicen relación con la concepción de sistemas abiertos que intercambian energía e información con el medio ambiente. Los primeros desarrollos en el campo de la cibernética, claves para comprender el pensamiento parsoniano, los ubica Luhmann en este período.

El tercer momento en la teoría de sistemas es la de los sistemas autopoiéticos o autorreferenciales. A inicios de la década de los sesenta, aparece en la teoría general de sistemas la noción de sistemas que se refieren a sí mismos, lo que hace ir perdiendo relevancia la noción sistemas abiertos y cerrados, al igual que los conceptos de intercambio y estructura, fundamentales en el segundo período. En este marco ya no es posible hablar sólo del sistema sino que la unidad de análisis la constituye la diferencia de complejidad que se constata entre sistema y entorno. Los incrementos de complejidad hacen inviable seguir pensando respecto de una diferenciación que se lleva a cabo entre componentes homogéneos. La especificidad de esta nueva formulación dice relación con que la diferencia sistema / entorno es el único principio de constitución sistémica (sobre los cambios de paradigma en la teoría de sistemas ver Luhmann 1991: Introducción).

"La diferenciación del sistema no es otra cosa que la repetición de la diferencia entre sistema y entorno dentro de los sistemas. El sistema total se utiliza a sí mismo como entorno de la formación de sus sistemas parciales. Alcanza con esto, en el nivel de los subsistemas, un grado más alto de improbabilidad al fortalecer lo efectos de filtración frente a un entorno que es, finalmente, incontrolable" (Luhmann 1991:30. El autor considera que las jerarquías, por ejemplo las cibernéticas, no son más que un caso especial, pero no paradigmático de diferenciación).

En este capítulo, al igual que en los casos anteriores, sólo haremos referencias menores a las definiciones y supuestos más generales con los que trabaja el autor. La lógica de exposición será muy similar a la que hasta aquí hemos llevado a cabo. En primer lugar revisaremos los conceptos básicos de la teoría de la evolución social de Luhmann, fundamentalmente lo que se refiere a su teoría de la diferenciación funcional. Segundo, presentaremos su definición del concepto de sociedad, destacando la especificidad del concepto luhmaniano de comunicación, como forma en que la sociedad se reproduce a sí misma, con la que el autor parece reemplazar una preocupación más explícita sobre el problema de la integración de la sociedad. Finalmente, repasaremos qué entiende Luhmann por medios de comunicación simbólicamente generalizados, en su relación con los problemas de la diferenciación y contingencia. En este contexto quedarán claras las diferencias con el planteamiento original de Parsons, lo que permitirá hablar en propiedad de la existencia de un programa de investigación.

3.1. El Problema Evolutivo en Luhmann

El abordaje de este problema lo realizaremos fundamentalmente a partir de un artículo publicado originalmente en inglés el año 1977, titulado "La diferenciación de la sociedad". De carácter más bien programático, en ese trabajo el autor presenta la lógica argumental con la que se estaría fundando un nuevo enfoque con el que entender el problema de la evolución de los sistemas sociales.

En ese sentido, este trabajo sería análogo al texto 'Evolutionary Universals in Society', con el que revisamos las líneas generales del planteamiento del sociólogo de Harvard sobre el tema. Como se recordará, en ese texto se postulaba que la evolución debía ser entendida como incrementos en las posibilidades adaptativas del sistema. A juicio de Luhmann, esa concepción descansa en el concepto de sistema que Parsons utiliza, pues en él no se hace ninguna referencia al entorno. El autor propone en cambio entender la evolución como incrementos de complejidad y contingencia que el sistema resuelve a través de un sucesivo proceso de diferenciación —tanto externa como interna— lo que significa cambiar la definición misma de lo que es un sistema, es decir, obliga a pensar la unidad de análisis como diferencia sistema / entorno.

Es justamente a partir de esa diferencia sistema / entorno con la que Luhmann se propone iniciar una nueva teoría de la diferenciación sistémica con pretensión de ilustrar la evolución de la sociedad. Como ya vimos, para Luhmann la diferenciación sistémica es justamente la forma en que, sometidos a restricciones tanto materiales como sociales, los sistemas resuelven sus problemas. Estamos en presencia, por tanto, de un concepto matriz que se utilizará no sólo para dar cuenta del problema evolutivo, sino que resulta el principio a partir del cual se constituye el 'paradigma sistémico de Luhmann' (Ver Luhmann 1982c:261, donde el autor señala los vínculos sistemáticos que deben realizarse entre teoría de sistemas, teoría de la evolución y teoría de la comunicación con miras a desarrollar una teoría sociológica de la sociedad). En palabras del propio autor:

"podemos concebir la diferenciación del sistema como una reproducción, dentro de un sistema, de la diferencia entre un sistema y su entorno. La diferenciación es así entendida como una forma reflexiva y recursiva de la construcción de sistemas. Repite el mismo mecanismo, usándolo para amplificar sus propios resultados (...) Esta concepción implica que cada subsistema reconstruye y, en este sentido, es el sistema global en la forma especial de una diferencia entre dicho subsistema y su entorno. La diferenciación reproduce así el sistema en sí mismo, multiplicando las versiones especializadas de la identidad original del sistema mediante la división de este en varios sistemas internos y en los entornos a ellos afiliados (...) la función de la diferenciación sistémica puede ser descrita como incremento de selectividad, es decir, como incremento d las posibilidades disponibles para la variación o la elección" (Luhmann 1998c:73).

La cita informa de algunos de los elementos conceptuales centrales de la propuesta teórica del autor. En primer término es muy estricta en plantear el cambio que significa dejar de concebir al sistema como unidad de análisis y que ésta pase a ser la diferencia sistema/entorno. Es la diferenciación entre sistema y entorno la forma en que los sistemas se constituyen y en esa dinámica los incrementos de complejidad implican que tal diferenciación refiere tanto a un entorno externo como uno interno. Este último entorno es justamente la novedad, se trata de la introducción al interior del propio sistema de la diferencia que lo constituye: sistema/entorno.

En segundo lugar, y entrando de lleno al problema evolutivo, la cita hace referencia a los mecanismos a través de los cuales un sistema se hace cargo de los desafíos que los incrementos de complejidad y contingencia hacen a sus operaciones. Luhmann distingue tres de esos mecanismos a través de los cuales dar cuenta de ese fenómeno, los mecanismos de: variación, selección y estabilización.

"un mecanismo de variación, para la realización plena de las posibilidades; un mecanismo de selección, que escoge las realizaciones útiles y elimina las inútiles; y mecanismo de estabilización que incorpora las innovaciones seleccionadas en la estructura de los sistemas existentes" (Luhmann 1977:512, cursivas nuestras).

La variación se vincula preferentemente con el lenguaje, pues es éste justamente el elemento que orienta la realización efectiva de posibilidades a partir de una serie inmanejable de alternativas. Es en ese sentido que sirve como mecanismo primario de variación. El lenguaje en este esquema es el punto de partida de la diferenciación de los sistemas sociales, no obstante no es suficiente como para resolver los problemas con consecuencias evolutivas que van en aumento.

"el lenguaje por sí solo no es suficiente para resolver el problema de la doble contingencia. Requiere de la función adicional de medios generalizados, para asegurar que la selección de la experiencia de acción por parte de Ego será aceptada por Alter como premisa de su propia selección. Por tanto, no podemos describir los medios generalizados como código lingüístico o sólo como un lenguaje especializado (...) como los sistemas sociales, los medios son mecanismos para restringir opciones que lingüísticamente permanecen abiertas" (Luhmann 1977:511).

La selección, en ese sentido, se relaciona directamente con los medios simbólicamente generalizados, pues justamente su función es inducir la motivación hacia la aceptación de determinadas posibilidades por sobre otras. En otros términos, ejerce función de orientación de los cursos posibles de acción (y comunicación). Tal como lo hemos visto en los casos de Parsons y Habermas, los medios son entendidos como dinámicas de coordinación social desarrolladas para reducir la complejidad que involucran los procesos de selección (interpretación). La especificidad del enfoque luhmaniano es que los medios son concebidos para teorizar la forma en que se va a inducir la implementación de determinadas secuencias, es decir, favorecer ciertos cursos de acción por sobre otros, lo que representa otro paso adelante en la consideración de la teoría de los medios como programa de investigación. Los medios relacionan diferentes sistemas y organizan la selectividad de un sistema en relación a como usan su poder de selección, es decir:

"usan su patrón de selección como motivo para aceptar tal reducción, con lo que la gente comparte con otros en un mundo restringido de visiones compartidas, expectativas complementarias y problemas determinables" (Luhmann 1977:512).

Finalmente, la estabilización se relaciona prioritariamente con los sistemas. Es claro que la constitución de un sistema a partir de una situación de contingencia es en sí misma una forma de estabilización de determinadas estructuras y procesos, que han conseguido hacerse cargo exitosamente de la complejidad que presenta el entorno. Consideradas como sistemas sociales hipercomplejos, las sociedades sólo pueden enfrentar la evolución a través de grados crecientes de diferenciación entre los tres mecanismos, donde cada uno resuelve problemas distintos.

A partir de esta infraestructura conceptual, y siempre en el ámbito de los sistemas sociales, Luhmann propone entender el proceso evolutivo como el resultado de dos dicotomías asimétricas: por un lado la ya presentada entre sistema/entorno, y por otro aquella que refiere a la igualdad/desigualdad (37). La combinación de ambos pares conceptuales permite entender el proceso histórico a partir de tres grandes formaciones sociales a través de las cuáles se pretende describir la evolución histórica: (i) la segmentación, (ii) la estratificación y (iii) la diferenciación funcional. En lo que sigue de este apartado, revisaremos brevemente en que consiste cada uno de esos momentos.

  1. Las sociedades segmentadas son históricamente las formas más simples de sistema social. Su principio de diferenciación es en subsistemas iguales (es decir, que cumplen la misma función), donde la desigualdad entre las partes es fortuita. No obstante, esa desigualdad es clave para la evolución posterior, en la medida que se constituirá en la instancia de regulación de la comunicación entre los portadores de esa desigualdad.

Tal como lo veíamos respecto de Parsons, la familia es la unidad básica de este tipo de sociedades segmentadas en unidades iguales. La principal consecuencia que tiene para la sociedad este tipo de diferenciación es que presenta limitada capacidad de selectividad, a partir de su escaza diferenciación. La forma específica de interacción que encontramos en estas sociedades es la interacción cara a cara, pues aun no se han desarrollado medios alternativos al lenguaje oral para la reducción de complejidad y motivación de la selección.

  1. La sociedad estratificada, por su parte, ya utiliza de forma sistemática la desigualdad como principio de constitución sistémica, esta deja de ser aleatoria y se integra a la estructurta misma de la sociedad. Aparece aquí una diferencia entre subsistemas que ahora son necesariamente desiguales, tanto en lo que respecta a sus funciones como a su jerarquía para el conjunto. La distribución desigual del poder y la riqueza es la forma en que se manifiesta tal desigualdad y se constituye en condición de existencia de esas sociedades.

Luhmann sostiene que en esas sociedades surgen problemas a partir del aumento de su complejidad y tamaño. Justamente será ese problema del aumento de complejidad lo que traerá consigo dificultades crecientes para el manejo de nueva complejidad. Es una diferenciación no sólo horizontal, sino también vertical, jerárquica, donde las desigualdades se transforman crecientemente en un problema con consecuencias para el sistema en su conjunto:

"si, a pesar de las condiciones que la dificultan, la comunicación entre iguales fue el principal logro de la estratificación, es improbable que los grupos de status más alto se comunicaran entre ellos acerca de la conducta y condiciones de vida de los estratos más bajos. Correcta o incorrectamente, este entorno situado en la parte baja de la estratificación fue algo dado por supuesto. La comunicación entre los miembros del estrato alto no funciona ni para influir ni para adaptarse a este entorno. Había complejos sistemas de hacienda doméstica que mitigaron esta condición en el plano de las relaciones personales. Pero, por regla general, los estratos bajos han tenido dificultades para obtener la atención de los estratos superiores y convertirse en objeto de comunicación influyente. Su único recurso parece haber sido el conflicto: movimientos sociales, revueltas campesinas, tumulto" (Luhmann 1998c:78).

Es importante enfatizar que la exclusión de la mayor parte de la población de la riqueza y el poder es condición pata la existencia de estas sociedades, pues no le es posible absorber la complejidad creciente que significaría, por ejemplo, la igualdad de todos los individuos ante la ley (como podría ser la legalización del sufragio universal). Esta forma de diferenciación establece implícitamente que algunas funciones sociales son más importantes que otras (eso justifica la importancia de la aristocracia, que detenta tanto el poder político como el religioso y el menosprecio que tiene hacia las funciones económicas). Manifestación de esas desigualdades son los roles diferenciados que los miembros del sistema social desempeñan:

"la desigualdad nace mediante la clausura del estrato superior (la nobleza), determinada por la endogamia (prohibición de matrimonios fuere del estrato). Estratificación significa distribución desigual de recursos y oportunidades de comunicación. Como base de la estratificación está la diferencia de rango entre nobleza y pueblo común: al interior de estos dos estratos se desarrollan entonces diferenciaciones ulteriores" (Corsi 1996:60).

La forma básica de comunicación en estas sociedades ya no es la interacción cara a cara, sino la escritura. Como mecanismo evolutivo esto tiene la consecuencia fundamental de permitir distinguir, por primera vez, al sujeto que habla del contenido de su emisión, lo que abre posibilidades radicales en el manejo de la complejidad, es un logro evolutivo de primera importancia.

  1. Las sociedades funcionalmente diferenciadas cambian su principio de constitución, que pasa a estar constituido por procesos de comunicación que remiten a funciones especiales, abordadas a nivel societal y ahora sin primacía de unas por sobre otras. En lo que conocemos hasta ahora: "La diferenciación funcional es el último producto de la evolución sociocultural" (Luhmann 1998c:79).

"la sociedad como un todo se transforma en dirección a la diferenciación funcional cuando introduce la educación obligatoria para todos, cuando toda persona tiene el mismo estatus legal, cuando ‘el público’ asume la función política de ser electorado (...) Los códigos simbólicos universalistas fueron ‘avances preadaptativos’ que prepararon el camino para estos cambios ya en la edad media (...) este cambio en las relaciones de rol reestabilizó las orientaciones ‘universalistas’ y las transformó en un logro evolutivo casi irreversible. En lo sucesivo, los códigos simbólicos universalistas no fueron ya únicamente un fenómeno cultural o literario, sino que se vincularon a las necesidades de la vida diaria. Formularon (en diferentes formas para los distintos subsistemas) el prerrequisito estructural de la ‘inclusión’ de todos en todos los dominios funcionales" (Luhmann 1998c:86).

El problema de la desigualdad debe ser replanteado en las sociedades funcionalmente diferenciadas. El punto clave es ahora el desempeño de las funciones, pues como lo muestra la cita el acceso universal a las mismas se da por supuesto. Este asunto se implementa como la creación de condiciones de igualdad en el acceso. A juicio de Luhmann, este requerimiento es sintomático de la importancia que a partir de fines del siglo XVII toma el problema de la igualdad jurídica. El límite de los sistemas estratificados es, justamente, cuando los subsistemas comienzan a definir sus públicos universalistamente.

La especialización funcional obliga a los subsistemas a ser desiguales, pero ahora sólo en lo que refiere a su dinámica de resolución de problemas societales, sus funciones, pues en lo que se refiere a las jerarquías ya ningún subsistema puede pretender primacía. En el lenguaje de la teoría de sistemas, Luhmann describe este proceso tanto como incrementos de la independencia en el funcionamiento de los sistemas, como de incremento de su interdependencia. En el primer caso, lo que sucede es que la alta especialización sistémica obliga a cada subsistema a 'obviar' el funcionamiento de los otros, que se le aparecen como entorno. La creciente autonomía de los subsistemas los hace 'insensibles' a lo que sucede en los otros. La interdependencia, por el contrario, especifica que la alta especialización funcional se sostiene en una ‘confianza’ implícita en que los otros subsistemas están realizando bien su tarea y que lo seguirán haciendo, por lo que llegado el caso se podrá contar efectivamente con los recursos que de ellos se necesita. (38)

"la diferenciación funcional lleva a una condición en la que la génesis de los problemas y su solución se separan. Los problemas no pueden ser ya resueltos por el sistema que los produce. Tienen que ser transferidos al sistema que está mejor preparado y especializado para resolverlos. En el plano de los subsistemas existe menos autarquía y autosuficiencia, pero hay más autonomía en la aplicación de reglas específicas y procedimientos a los problemas especiales" (39).

Para Luhmann, como hemos visto, las sociedades modernas están funcionalmente diferenciadas. En ese sentido el catalizador principal de esa evolución es el desarrollo de estructuras sistémicas que tiendan a facilitar la selección de determinados problemas por sobre otros, es decir, los medios simbólicamente generalizados:

"La sociedad moderna tiene como una de sus características distintivas el hecho de que la diferenciación de medios se constituye en el principio de constitución sistémica al nivel del sistema societal" (Luhmann 1977:519).

Justamente en el intento por hacer frente a ese proceso de creciente improbabilidad del éxito de la comunicación es que la sociedad desarrolla estrategias a través de las cuáles mejorar sus posibilidades de éxito. Como lo muestra la cita, la formación de medios es justamente la estrategia a través de la que se pretende transformar lo improbable en probable, que en el caso de los sistemas sociales es favorecer las posibilidades de éxito comunicativo, es decir, de que la comunicación continúe y con ello la autopoiesis del sistema. (40)

"hay que entender el proceso de la evolución sociocultural como transformación y expansión de las oportunidades para una comunicación exitosa, como consolidación de las expectativas alrededor de las cuales la sociedad construye más tarde sus sistemas sociales (...) Así, la historia de la evolución sociocultural, basada en la comunicación no ofrece la imagen de un progreso que busca una comunicación cada vez mejor. Más bien podría entenderse como una especie de acontecimiento hidráulico de represión y de distribución de la presión de un problema. Cuando uno de los problemas se resuelve, la solución de los demás se hace más improbable. La improbabilidad suprimida se evade, por decirlo de alguna manera, hacia los otros problemas. Si ego entiende correctamente una comunicación, tiene mucho más razones para rechazarla" (Luhmann 1991:170-1).

Evolutivamente hablando, Luhmann reconoce tres clases de medios. El primero y más simple es el lenguaje. Caracterizado por el uso de símbolos, tiene sus límites en la posibilidad que Ego y Alter interactúen cara a cara, por lo que tiene una baja capacidad de reducir complejidad. El segundo medio, son los que el autor de nomina medios de comunicación o difusión: la escritura, la impresión y las telecomunicaciones. La principal característica de estos medios es que expanden de forma incalculable las posibilidades de comunicación, a través del perfeccionamiento en el manejo de las técnicas que los hacen posibles. Finalmente, y sólo en la modernidad, aparecen los medios de comunicación simbólicamente generalizados, a través de los que la sociedad puede responder a las crecientes exigencias que comporta ahora la comunicación y que se estructuran con miras a la formación de subsistemas especializados en la resolución de problemas específicos. Como puede suponerse, Luhmann atribuye de modo preferente cada uno de estos medios a un estadio de la evolución: el lenguaje se correspondería con las sociedades segmentadas, los medios de difusión con las sociedades estratificadas y los medios simbólicamente generalizados con las sociedades funcionalmente diferenciadas. Como hemos venido señalando, son los tres medios, en conjunto, los que actúan sobre la evolución sociocultural:

"el lenguaje, los medios de difusión y los medios de comunicación simbólicamente generalizados son, por lo tanto, logros evolutivos que, en mutua dependencia, fundamentan y aumentan los rendimientos del procesamiento informativo que puede aportar la comunicación social. De esta manera, la sociedad se produce y se reproduce como sistema social" (Luhmann 1991:173).

La evolución tanto de los principios de constitución sistémica (segmentación estratificación y diferenciación funcional) como de los medios respectivos (lenguaje, medios de difusión y medios simbólicamente generalizados) no implican la desaparición de las formas sociales características del estilo anterior. De lo que se trata más bien es de un cambio en el principio rector de la diferenciación sistémica. Manifestación de ello es que a juicio de Luhmann la presencia de las familias (y de los estados - nación) son manifestaciones residuales de formas segmentarias de diferenciación, a la vez que las clases sociales manifestación de las formas estratificadas. Del mismo modo, nadie discute la importancia que hoy presentan los medios de comunicación de masas en nuestras sociedades, no obstante no serían ellos los encargados de hacer frente a los problemas evolutivos de primera importancia.

La perspectiva de caracterizar estos fenómenos como elementos residuales debe entenderse en el sentido que, habiendo constituido prerrequisitos de la diferenciación, ya no representan las estructuras características a través de los que sistemas procesan complejidad y en esa medida pueden producir evolución social. De lo que se trata, es necesario enfatizarlo, es que ya no son esos los principios (la segmentación, la estratificación) que pueden ahora dar sentido a la diferenciación sistémica. Del mismo modo, siendo el problema de la integración social muy importante para el paso de una sociedad estratificada a una funcionalmente diferenciada —entendida como crecientes posibilidades de inclusión— Luhmann considera que éste ya no es un problema que pueda o deba resolverse mediante estructuras sistémicas específicas (al estilo del mundo de la vida habermasiano o la comunidad societal de Parsons) sino que queda resuelto por las dinámicas mismas de la diferenciación funcional.

Resuelto el problema de la evolución social de la forma en que lo intenta nuestro autor, ya no tiene sentido establecer de modo deductivo cuáles son los subsistemas sociales que se forman como resultado de la diferenciación, sino que Luhmann invierte el razonamiento poniendo a la base la contingencia, con lo que los resultados de la diferenciación se vuelven inciertos y sólo determinables empíricamente (más allá que, como veremos, el propio Luhmann no es siempre consistente con esa premisa). En ese sentido, vemos que Luhmann hace una aclaración importante en lo que se refiere a los límites cognitivos a los que se enfrenta una teoría de este tipo:

"una teoría de la diferenciación sistémica no puede en modo alguno explicar por qué han sido aprovechadas, históricamente, las oportunidades de diferenciar subsistemas y de colmar de complejidad sus entornos. No existe una ley general, tal como se asumía en el siglo XVIII, que gobierne las transiciones de las formas simples a las formas complejas. Una teoría de la evolución nunca tendrá probablemente éxito si pretende convertirse en una teoría explicativa de los estados posteriores como consecuencia de otros anteriores dentro del ‘proceso de la historia universal’" (Luhmann 1998c:87-8).

A diferencia de lo que sucedía en el caso de Parsons, Luhmann utiliza la teoría de los medios en la investigación sobre el decurso de la evolución sociocultural. La forma que adopta esa relación es una de las características más importantes del planteamiento luhmaniano sobre los medios.

"No es suficiente explicar el desarrollo de medios generalizados como una consecuencia de la diferenciación sistémica. Por el contrario, la diferenciación sistémica parece continuar el curso de los medios (...) la articulación conceptual de medios generalizados, por tanto, no es suficiente para predecir o explicar el éxito evolutivo y la estabilización en la sociedad de sistemas funcionalmente especializados. A pesar que todos los medios están relacionados con el problema general de la doble contingencia, difieren respecto a las funciones adicionales e impedimentos que se tienen al nivel de los subsistemas particulares. Este asunto es una cuestión que permanece abierta, porque una teoría de la sociedad que pueda entregar tales respuestas no se encuentra aún disponible" (Luhmann 1977:518 - 20, cursivas nuestras).

Luhmann sostiene que las sucesivas formas de diferenciación sistémica son antes el resultado que la causa del surgimiento de los medios. Nuestro autor plantea que si bien se debe rescatar la orientación hacia la teoría general con que Parsons se acercaba al tema de los medios, la lógica de construcción debe ser modificada, en tanto cambian las premisas iniciales. La tesis de Parsons era que la diferenciación de los medios viene después de la diferenciación sistémica, lo que ahora queda invertido al sostener que la relación fundamental es entre los medios y el problema de la contingencia y que la diferenciación es el resultado en que evolutivamente se resuelve ese proceso.

Luhmann sugiere que la urgencia de los desafíos que plantea el problema de la contingencia requiere el desarrollo de medios de comunicación simbólicamente generalizados, que aumenten las posibilidades de éxito de la comunicación. La diferenciación sistémica es, en este nuevo modelo, el resultado de la especialización funcional que los medios ya han inducido; ya no la condición que los hace posible. A partir de estos postulados se hace claro que el planteamiento evolutivo de Luhmann no deja espacio a teleología o filosofía de la historia alguna.

"la generalización de los medios se relaciona con la diferenciación sistémica en tanto ambas están vinculadas con el problema de la contingencia (...) Esto requiere que la solución de los problemas de selección a través de mecanismos, como por ejemplo los medios, sean incorporados a la estructura del sistema (...) la generalización de medios, entonces, se constituye en un prerrequisito estratégico para la posterior diferenciación de la sociedad, en un doble sentido: cada subsistema, al ajustarse a sí mismo a un entorno interno del sistema societal siempre cambiante, requiere, por un lado, amplias capacidades adaptativas, particularmente la capacidad para 'socializar' experiencias y acciones selectivas, por ejemplo, medios. Por otro lado, cada subsistema tiene que confiar en los mecanismos correspondientes en otros subsistemas" (Luhmann 1977:521).

Otra consecuencia de este planteamiento es que Luhmann deja abierta la posibilidad de encontrar las distintas formas que en el transcurso de la historia pudieran haber adoptado los medios antes del paso a una sociedad funcionalmente diferenciada. Como ya veíamos, los medios de comunicación simbólicamente generalizados son el tercer tipo de medios que el autor encuentra después del lenguaje y los medios de difusión. Hubo alguna clase de medios, por tanto, con anterioridad a la modernidad, hipótesis opuesta al planteamiento parsoniano que sólo puede concebir medios con su advenimiento. Al mismo tiempo que es una parte fundamental del acercamiento de Luhmann al problema de la evolución sociocultural, la teoría de los medios simbólicamente generalizados ha alcanzado en este planteamiento plena autonomía respecto de la formulación parsoniana. Es en ese marco que estaríamos ya en presencia de un programa de investigación propiamente tal.

3.2. Comunicación y Sociedad

En el marco del planteamiento evolutivo de Luhmann, entendido como teoría de la diferenciación social, podemos ahora acercarnos a las definiciones de los conceptos de comunicación y sociedad, a través de lo cual estudiaremos las dinámicas a través de las cuales la sociedad se reproduce a sí misma. La especificidad del planteamiento luhmaniano es que a su juicio ello podría llevarse a cabo sin considerar de modo específico los problemas de integración social.

Luhmann sostiene que a partir de los avances en el campo de la filosofía de la ciencia de la segunda mitad del siglo XX, uno de los problemas inherentes al desarrollo de cualquier disciplina científica dice relación con las dificultades para delimitar su propio objeto de estudio. La referencias a la estructuración del quehacer científico, ya sea como paradigmas, ya sea como programas de investigación, enfatiza la dimensión sociológica de ese trabajo, a la vez que presenta a las teorías como marcos de sentido generales de la praxis de los hombres de ciencia. No es exclusivo de la sociología, ni de las ciencias sociales, una polémica respecto de la posibilidad de arribar a una definición única del objeto de estudio.

Para nuestro autor, lo social como concepto distintivo de la sociología, es demasiado amable (Luhmann 1998b:51). Es decir, ha sido definido de manera poco rigurosa por las distintas corrientes de pensamiento que participan del discurso sociológico. La noción "sociedad" ha tenido un desarrollo similar, por lo que tampoco resulta ya muy útil para un programa teórico fuerte.

Respecto del decurso histórico de ese concepto, Luhmann sostiene que en el período del surgimiento de la sociología ya existía con una importante carga histórica. Se lo usaba para hacer deslindes analíticos del tipo estado - sociedad o comunidad – sociedad, lo que presenta dificultades con miras a insertarlo en un programa con pretensión teórica. En cualquier caso, a juicio de Luhmann la sociología contemporánea se enfrenta a obstáculos nuevos en la determinación de lo que una sociedad es, producto de los caminos seguidos por el pensamiento sociológico desde entonces.

A partir de estas anotaciones, Luhmann concluye que el problema de la delimitación rigurosa del concepto debe situarse al máximo nivel de abstracción, es decir, al nivel del diseño de la teoría. En función de los desarrollos más contemporáneos en la teoría general de sistemas, Luhmann cree encontrar en el concepto de autopoiesis una forma que por un lado hace explícitas las consecuencias cognitivas derivadas de esas dificultades, mientras que por otro pone la reflexión en una senda que puede ayudar a resolver tales dificultades. Originalmente planteado por los biólogos chilenos H. Maturana y F. Varela, la noción de autopoiesis le proporciona a Luhmann una estrategia a través de la cual sacar las consecuencias derivadas del cambio de paradigma producido en la teoría de sistemas (la autorreferencialidad como principio de constitución sistémica). Las ventajas se relacionan con que a través del concepto de autopoiesis es posible considerar no sólo los componentes del sistema y sus relaciones, sino que también las dinámicas en las que tales componentes se producen (Luhmann 1997:103 – 107).

Tomando de G. Bachelard la idea de obstáculos epistemológicos, nuestro autor señala tres contratiempos que presenta el uso del concepto de sociedad hoy en día:

  1. el prejuicio humanista de definir la sociedad en función de la presencia de los seres humanos y sus relaciones. Para hacer frente a ello es que Luhmann desarrolla lo que se conoce como el cambio de la acción por la comunicación como punto de referencia para la definición de lo social y la sociedad. Será esta el elemento constituyente de los sistemas sociales.
  2. el uso del concepto sociedad ligado a los límites geográficos de países, y la constatación, entonces, de la necesidad de hablar de sociedades, en plural. Incorporar las diferencias que existen entre estados-nación no nos permite definir de forma teóricamente rigurosa lo que la sociedad efectivamente es.
  3. problemas derivados de la teoría clásica del conocimiento, que presupone un sujeto que conoce a un objeto que le es exterior. Por el contrario, la sociedad es un objeto que se autodescribe, pues cualquier afirmación sobre la sociedad se hace desde un contexto que la presupone. La sociología no ha desarrollado aun un instrumental analítico que permita realizar tal autodescripción.

Las objeciones (i) y (ii) son de tipo analítico, pues para responderlas se debe precisar aquello que una sociedad efectivamente es. Han de delimitarse aquellas dimensiones y procesos que forman parte efectivamente de la reproducción de la sociedad. La tercera objeción es de tipo epistemológico, pues refiere a los cambios que desde la teoría del conocimiento deben realizarse para hacer posible los giros analíticos ya mencionados. Para conocer qué es lo que Luhmann entiende por sociedad y comunicación nos apoyaremos en la forma que resuelve esas tres objeciones.

Respecto de (i). En esta objeción Luhmann está incluyendo dos asuntos que nos interesa mostrar independientemente. Por un lado, en dónde radica la falacia de incluir a los seres humanos en la definición de la sociedad. Por otro, por qué es la comunicación el único punto de partida plausible para una redefinición, desde la teoría de sistemas, de los conceptos de sociedad y lo social.

"Mi propuesta consiste en tomar por base el concepto de comunicación, y de esta manera transponer la teoría sociológica del concepto de acción al de sistema. Esto permite presentar al sistema social como un sistema operativamente cerrado, consistente sólo de sus propias operaciones, reproductor de las comunicaciones a partir de las comunicaciones. Con el concepto de acción las referencias externas son prácticamente inevitables. Dado que tiene que ser atribuida, una acción exige la referencia a estados de cosas que no están socialmente constituidos: a un sujeto, a un individuo, para todos los propósitos prácticos incluso a un cuerpo viviente, o sea, a un lugar en el espacio. Sólo con ayuda del concepto de comunicación puede concebirse un sistema social como sistema autopoiético; es decir, como un sistema consistente sólo de elementos (a saber, comunicaciones) que él mismo produce y reproduce a través del entrelazamiento de estos elementos precisamente (esto es, por medio de comunicaciones)" (Luhmann 1998b:56. También, Luhmann 1995a:24 - 28 y Luhmann 1991:cap. 4).

Es necesario en este contexto presentar las propiedades de la noción de comunicación que Luhmann está utilizando. En primer lugar, en tanto elemento constituyente de lo social, ésta debe cumplir con las propiedades que se exigen en la definición de autopoiesis. No puede, nos dice el autor, ser ni acción comunicativa ni transmisión de información. Es decir, ni la comunicación tiende de forma natural al consenso (Luhmann sostiene que por el contrario, la obtención del consenso significa el fin de la comunicación), ni es un proceso digital en que se ‘trasladan contenidos’ en uno u otro sentido. Ello no es más que una mala metáfora de uno de los momentos que comprende la comunicación. Luhmann propone utilizar el concepto de Karl Bühler que comprende tres distinciones (en forma de selección) que componen la comunicación: información, participación y comprensión. La comunicación es la forma que adopta la autopoiesis de los sistemas sociales:

"la distinción entre información, participación (Mitteilung) y comprensión es, por consiguiente, una distinción que produce distinciones, y que una vez hecha mantiene al sistema en funcionamiento (...) la comunicación no es nada más que aquella operación que realiza una tal transformación de diferencias en diferencias" (Luhmann 1998b:57).

Las tres dimensiones de la comunicación son formadas a partir de distinciones selectivas, es decir, para cada una de ellas la selección puede fallar y por tanto no realizarse la comunicación. La información implica la distinción entre aquello que efectivamente se ha afirmado y aquello respecto de lo que no se ha dicho nada. La participación implica que Ego comprenda que Alter intenta participarlo de algún evento respecto del que comunica. Finalmente, la comprensión radica en que se haga la distinción entre información y participación. Sólo en la medida en que las tres distinciones se logran estamos en presencia de la comunicación en sentido luhmaniano (Ver Corsi 1996:46).

Podemos entender ahora en qué consiste el prejuicio humanista. Como ya se ha dicho, y como se deriva de las consecuencias del uso del concepto de autopoiesis, la sociología ya no puede en sus observaciones incluir al hombre en la constitución de la sociedad, pues ésta queda compuesta sólo por operaciones propiamente sociales. Si la acción ya no puede concebirse como fundamento de lo social, mucho menos los seres humanos pueden ser parte de un sistema social. No obstante, tampoco puede la sociología desentenderse completamente de él.

"Sobre este fundamento se hace evidente que los concretos seres humanos forman parte no de la sociedad, sino de su entorno. Tampoco sería muy adecuado decir que la sociedad consiste de las "relaciones" entre seres humanos. El concepto de comunicación encierra una oferta mucho más precisa (pero que posiblemente reconstruye lo que el común de los sociólogos quiere decir cuando habla de "relaciones"). No basta, por ejemplo, con que un ser humano vea u oiga a otros seres humanos —a no ser que observe esta conducta con la distinción entre participación e información—. Tampoco basta con hablar o escribir acerca de alguien para catalogar la relación con él como una relación social. Sólo la comunicación misma es una operación social" (Luhmann 1998b:58).

No obstante su escaso valor teórico, una noción de como la de 'seres humanos', puede tener un sentido analíticamente más preciso si se la concibe a partir de la interpenetración de tres tipos de subsistemas que realizan su autopoiésis de forma distinta: sistemas vivos, psíquicos y sociales. En primer término, los seres humanos tienen una estructura biológica (el cuerpo), por tanto pueden ser concebidos como sistemas que utilizan la 'vida' como dinámica autopoiética distintiva. En un segundo nivel, son sistemas psíquicos, que se reproducen a través de la conciencia. Finalmente son también sistemas sociales que tienen en la comunicación su dinámica específica. A juicio de Luhmann, sólo la interpenetración entre estos tres tipos de subsistemas produce lo que el sentido común conoce como seres humanos. Vistas así las cosas, resulta claro en qué sentido la sociedad no está compuesta por individuos ni por sus relaciones. Como sistemas autopoiéticos, tanto los sistemas psíquicos como los sistemas sociales se relacionan a través de la interpenetración, lo que no significa para ninguno perder su condición de sistemas autopoiéticos, sino por el contrario mantener su autonomía. (41).

Para Luhmann, especial importancia tienen las interpenetraciones entre sistemas psíquicos y sociales y entre sistemas psíquicos entre sí. Esta es la forma de comprender cómo el autor piensa que debe abordarse el problema de la integración en las sociedades modernas. En primer término, hay que señalar en un modelo teórico como el luhmaniano no tienen cabida distinciones como la utilizada por Habermas, entre integración social y sistémica, ni por una integración resuelta a través de la producción de solidaridad social, como la entendían Durkheim y posteriormente Parsons (Luhmann 1991:239). La forma en que se produce tanto la interpenetración social (ente sistemas sociales y sistemas psíquicos) como interhumana (entre sistemas psíquicos) es lo que se conoce como moral. Para Luhmann, la pregunta fundante de la moral es sí, y bajo que condiciones, los seres humanos se estiman o desestiman (42). En una sociedad funcionalmente diferenciada: "la función de la moral no se determina por la referencia a la necesidad de integración social. La sociedad, por suerte, no es una cuestión de moral" (Luhmann 1991:241).

Luhmann intenta separar analíticamente los planos de la moral, por un lado y de la integración de la sociedad, por el otro. No obstante, las reflexiones posteriores al respecto muestran que si bien puede ser cierto que la integración no es un asunto moral (una sociedad no sería 'más' o menos' moral según el estado en que se encuentre su integración), la moral participa efectivamente en las dinámicas de integración de la sociedad:

"este concepto de moral, que expresa la convergencia entre interpenetración social e interpersonal, induce a una hipótesis que se puede confirmar empíricamente: si las dos formas de interpenetración se separan, la moral entra en dificultades y tiene que delegar funciones en otros sistemas sociales. En las sociedades altamente complejas esto parece ser inevitable. De manera dramática, este estado de cosas se agudizó en la primera mitad del siglo XVIII debido, por un lado, al retroceso de la seguridad del mundo religioso (dada la segmentación confesional de la religión, el fracaso de los movimientos devotos y, sobre todo, el fracaso de la moral). A pesar de esto, lo social se siguió definiendo, con mayor intensidad, en relación con la moral. Por otro lado, los códigos semánticos de las relaciones íntimas y la sociabilidad pública empiezan a separarse (...) la moral funciona sólo si logra acoplar ambas formas de interpenetración, es decir, si logra entrelazar las condiciones bajo las cuales uno se puede comprometer personal y humanamente con otro para construir un sistema social común (o para vivir en un sistema social determinado)". (43)

Escondido tras el tecnicismo de la construcción teórica sistémica, parece que finalmente hemos encontrado el subsistema especializado en el problema de la integración de la sociedad. La moral dice relación con las dinámicas de coordinación que se producen a través de ambas formas de interpenetración y como lo muestra la cita hace de esas dinámicas de coordinación social un referente con sentido.

Respecto de (ii). Como veíamos en el primer apartado de este capítulo, la evolución social entendida como proceso que deviene en una diferenciación funcional torna progresivamente obsoletas determinadas estrategias descriptivas. Entre ellas, las formas en que tradicionalmente se intentaba deslindar un concepto de sociedad, como los ya mencionados pares conceptuales estado – sociedad o comunidad – sociedad. Las tendencias evolutivas de la diferenciación, por tanto, hacen inútil mantener ancladas las definiciones a estructuras o procesos que, si bien pueden permanecer, ya no son centrales en las dinámicas de evolución de la sociedad.

Para Luhmann, la única sociedad que hoy existe es la sociedad mundial. En otras palabras, a partir del cambio en la forma de diferenciación que estructura la sociedad, que se produce en los siglos XVII y XVIII, en términos teóricos va perdiendo sentido hablar de sociedades parciales, pues las fronteras nacionales no representarían hitos relevantes para la reflexión teórica (44). Luhmann pretende hacer plausible la necesidad de prescindir de los límites territoriales y de la hipótesis de una pluralidad de sociedades regionales y/o nacionales para la definición teórica del concepto.

"las sociedades territoriales se fusionaron en una sociedad global porque algunos de sus más importantes sistemas funcionales se expandieron tanto que no podían permanecer dentro de límites tan estrechos (...) así, las diferencias regionales fueron transformadas en grados diferentes de participación dentro del marco de una sociedad global (...) hoy constituyen un sistema social sin precedente histórico: un nuevo tipo de sociedad. Y esto cambia la perspectiva de la evolución cultural en dirección a una más alta improbabilidad: la evolución posterior sólo puede ser la evolución de un único sistema" (Luhmann 1998c:89-90).

Como ya anotamos, la diferenciación funcional es un proceso que se inicia junto con la modernidad y una de cuyas manifestaciones es lo que hoy adquiere el nombre, muy impreciso, de globalización. Si efectivamente en los últimos doscientos años hemos asistido al surgimiento de más de una centena de estados nación, la tendencia evolutiva general, señala Luhmann, es hacia que las dinámicas de los sistemas funcionales sobrepasen los límites muy estrechos que los países en forma individual pueden colocar, en tanto los principales subsistemas con consecuencias evolutivas —el económico y el científico, por ejemplo— utilizan esos límites nacionales más bien como recursos (45).

Respecto de (iii). Sobre este asunto algo hemos dicho ya al inicio de este capítulo, al referirnos a la necesidad que la disciplina se piense a sí misma como parte de la realidad que pretende estudiar. Parte de las garantías que Luhmann propone para su proyecto teórico se contienen en el hecho que su estatuto metodológico queda integrado a la teoría como parte de las ‘certezas’ que ésta debe proporcionar.

"no existe una posición indiscutible para una representación tal de la sociedad al interior de la sociedad, y no existe tampoco un modo único correcto de descripción. Precisamente por esto es necesario poner atención en lograr transparencia de los instrumentos de descripción y la construcción de la teoría, de manera que otros puedan observar cómo se observa al mundo cuando se le observa de este modo. Una teoría que ofrezca una descripción de la sociedad debe exponerse, por su lado, a la observación y a la descripción, y propiciarse ella misma lo necesario para tal fin" (Luhmann 1996:12).

En lo que respecta al concepto de sociedad este último planteamiento tiene una consecuencia muy importante. Si ya no puede defenderse una primacía epistemológica para determinados esquemas observacionales, tampoco puede señalarse la existencia de una jerarquía entre las distintas funciones que desempeñan los subsistemas sociales. Se llegaría así a un concepto de sociedad sin centro, donde todas las funciones son igualmente importantes y la eventual primacía de una por sobre otra se considera como desempeño inadecuado de la función. En un modelo de este tipo, los medios simbólicamente generalizados juegan un papel muy importante, pues permiten considerar tanto las dinámicas internas de cada sistema, como los procesos de intercambio entre subsistemas. En síntesis:

"la sociedad es el sistema social circundante y el único sistema lo suficientemente complejo para institucionalizar la diferenciación funcional de medios generalizados. Esta diferenciación requiere de cambios estructurales al nivel mismo del sistema social (...) desde la perspectiva abstracta de medios especializados y sobre la base de técnicas depuradas de comunicación y movilidad, cualquier fórmula parcial referida a los límites de la sociedad ha quedado obsoleta (...) de hecho, hoy en día sólo existe una sociedad sobre la tierra: la sociedad mundial. El entorno de esta sociedad global no puede consistir en otra sociedad humana y ya no puede delimitarse a través de fronteras territoriales" (Luhmann 1977:526).

3.3. El Paso de Medios de 'Intercambio' a Medios de 'Comunicación'

Llegamos al acápite final de la revisión sobre Luhmann. A partir de lo hasta ahora expuesto, podrá queda claro el marco general en que el autor se hace cargo de la teoría parsoniana de los medios. Luhmann señala que independientemente de la inserteza que conlleva todo proceso selectivo, la sociología requiere de una teoría general que refleje las estructuras estables de la acción. Los medios simbólicamente generalizados, en el sentido luhmaniano, son justamente estructuras sistémicas que como hemos venido repitiendo se orientan en la dirección de favorecer determinados cursos de comunicación —y acción— por sobre otros.

El marco general de nuestra investigación viene dado por el intento de mostrar los aportes que la teoría de los medios puede hacer a la constitución de un concepto de sociedad, vinculando para ello los problemas tanto de la integración social y de la diferenciación. En la terminología de Luhmann, estas se denominan la pregunta por la formación y diferenciación de sistemas; y las hipótesis sobre la evolución socio-cultural, respectivamente. Es en ese contexto en que Luhmann pretende entregar mayor autonomía a la reflexión sobre los medios, en un intento que le permita vincular ambos temas al nivel de una teoría de la sociedad. Es esa autonomía, con la consiguiente incorporación de nuevos ámbitos de investigación, la manifestación más clara que estamos en presencia de un programa progresivo.

"Junto con el aspecto primariamente material de la diferenciación sistémica de acuerdo con diferentes funciones y al primariamente temporal de la evolución, surge además en la sociología, con igual rango, el aspecto específicamente social de las relaciones humanas; es decir, la cuestión relativa a cómo diversos sistemas selectivos entran en relación unos con otros" (Luhmann 1998d:100-1).

Para ordenar la presentación de este último acápite, iniciaremos la exposición pasando revista a las diferencias fundamentales entre Parsons y Luhmann en lo que se refiere al tema de los medios, para en función de ello ir señalando sus propiedades fundamentales. Mostraremos, posteriormente, cuáles son a juicio de Luhmann los medios que han logrado mayor desarrollo evolutivo, a partir de la distinción entre acción y experiencia.

3.3.1. Las Diferencias con el Modelo de Parsons y las Propiedades Fundamentales de los Medios

Talcott Parsons fue el primer teórico en proponer un bosquejo de teoría de los medios de intercambio simbólicamente generalizados, tomando como modelo el dinero y el lenguaje, en una tensión que, como ya mostramos en la discusión que al respecto realiza Habermas, resulta irresoluble. El pensador de Frankfurt, en su crítica a Parsons, no desarrolla una teoría de los medios propiamente tal, sino más bien permite evidenciar su potencial en la reflexión sobre distintas dinámicas de coordinación social. Luhmann, también a partir de la constatación de tales inconsistencias, llega a conclusiones muy distintas, pues en vez proponer la necesidad de distinguir entre dos ámbitos de lo social irreductibles entre sí, una reproducción simbólica que toma como base el lenguaje y una reproducción material que usa el dinero, plantea la necesidad de romper con ese dualismo y utilizar la teoría de sistemas como único referente conceptual. Las diferencias entre Parsons y Luhmann pueden señalarse a partir de cuatro grandes tópicos que describen claramente el cambio de énfasis que estamos señalando.

a. Existe un cambio en el concepto de contingencia, pues Parsons entiende la noción de contingencia como "dependencia de...", mientras que Luhmann la supone como "también es posible de otro modo", donde no hay, por lo tanto, ni imposibilidad ni necesidad. Si bien para ambos autores el problema de la contingencia en el campo de la teoría de los medios se presenta como doble contingencia, las estrategias de resolución al respecto difieren. La forma parsoniana de resolver esa temática, como se sabe, es a través de los valores y las normas. Si bien la solución normativa propuesta por Parsons aun puede usarse de modo genérico, Luhmann sostiene que ya no se puede dar por resuelto el problema sin hacer una serie de aclaraciones ulteriores:

"Parsons trata el problema de la doble contingencia como si se resolviese a través de la institucionalización de sistemas sociales y de códigos simbólico-lingüísticos que, siguiendo el curso de la diferenciación sistémica, se diferencian como medios de intercambios entre subsistemas. Yo propongo utilizar los medios generalizados como un tipo de solución del problema de la doble contingencia" (Luhmann 1997:511).

Ello es especialmente relevante, pues para Luhmann es parte de la estructura interna de los propios medios la confianza en la reducción de complejidad. Ello no puede teorizarse, como lo hace Parsons, como la característica distintiva de un medio específico, los compromisos de valor.

Este cambio en la idea de contingencia ha mostrado también sus consecuencias en lo que se refiere al planteamiento evolutivo de Luhmann, que no permite teleología en las explicaciones sobre el cambio social. Recuérdese que ya hemos señalado como Luhmann invierte el razonamiento de Parsons al señalar que la diferenciación sistémica es resultado (y no prerrequisito) del surgimiento de los medios.

b. Se produce un paso de la idea de intercambio a la de comunicación. Parsons transfiere su modelo de la doble contingencia desde un plano microsociológico a uno macrosociológico, donde lo que pasa a estar en juego es la diferenciación sistémica. Con ello Parsons pasa a hablar de ‘dobles intercambios’, como analogía a su planteamiento respecto de la doble contingencia. No obstante, Luhmann sostiene que es necesario dar un paso adelante en el nivel de abstracción al que se plantea el problema:

"la limitación de las relaciones de intercambio o recíproca satisfacción de necesidades (gratification) puede ser superada en la medida que el problema de referencia se amplía a la comunicación en general. Entonces ya no se hablará de medios de intercambio sino de medios de comunicación. La comunicación presupone contingencia y consiste en la información sobre selecciones contingentes de estados sistémicos. El problema al que se refieren los medios de comunicación se hace así más abstracto: ya no se trata, necesariamente, del logro de la reciprocidad plena; sino de asegurar la aceptación exitosa de comunicaciones" (Luhmann 1998d:102. Al respecto es interesante el artículo de García 1997).

El paso a la idea de comunicación refiere a dos cuestiones. Por un lado, a la centralidad que Luhmann le entrega a la comunicación como elemento fundante de lo social, pues es el único elemento que cumple las condiciones para llevar a cabo la autopoiesis del sistema. Por otro, ese giro intenta especificar que entre los subsistemas regidos por medios no se ‘intercambian’ bienes o decisiones, en rigor no se intercambia nada, sino que sus relaciones, como ya lo vimos a través del concepto de interpenetración, deben entenderse como formas de recíprocas de reducción de complejidad. Al mismo tiempo, ya no es necesario presuponer una reciprocidad plena entre los subsistemas que realizan los intercambios, lo que permite concebir una institucionalización distinta entre los subsistemas, algunos pueden encontrarse más y mejor diferenciados, cosa que deberá ser investigada empíricamente.

c. Los códigos con que operan los medios deben entenderse ya no como códigos simbólicos, sino como disyunciones. El problema de la aceptación de la selectividad que el medio ofrece, en función de la integración valórica sugerida por Parsons, se reduce a motivación individual a través de los conceptos de internalización y socialización. Luhmann sostiene que es necesario incluir en la propia estructura del medio esas motivaciones selectivas. Ello sólo se lograría, a su juicio, entendiendo los códigos como disyunciones, es decir, más que en perspectiva lingüística, en clave biogenética. Ahí radica la diferencia que a juicio de Luhmann permite referir los medios al problema de la contingencia. La motivación a la aceptación de las selecciones que los medios inducen, no clausura la libertad de la selección en la medida en que siempre queda abierta la posibilidad de la negación. Entender los códigos en este sentido significa que al simplificar al máximo las opciones que pueden seleccionarse —son sólo dos, una positiva y una negativa— se favorece la posibilidad de motivar una determinada secuencia comunicativa:

"el problema fundamental del mantenimiento del sistema se plantea para Parsons en la forma de una generalización simbólica de valores compartidos, que aseguran la complementariedad y el reconocimiento recíproco de expectativas. La forma original de generalización simbólica con esta función es para él el lenguaje. Los medios de intercambio simbólicamente generalizados son para él, por tanto, formas especiales del lenguaje (...) El problema de la motivación para aceptar reducciones selectivas se desplaza a lo psicológico y se resuelve con ayuda de los conceptos de internalización y de socialización. (...). Para poder superar esta restricción, no consideramos a los códigos como valores o series de símbolos, sino que, con una específica abstracción, los concebimos como disyunciones: ‘si o no’, ‘tener o no tener’, ‘verdad o falsedad’, ‘lícito o ilícito’, ‘belleza o fealdad’ " (Luhmann 1998d:102-3. Los medios resuelven los problemas derivados de esta gran simplificación a través del desarrollo de estructuras especiales, denominadas códigos accesorios y programas. Volveremos sobre ello más adelante).

d. Se debe renunciar al deduccionismo proveniente de la analítica parsoniana y dejar espacio para que el desarrollo de la teoría de los medios siga un curso propio. Es necesario desacerse del esquema de medios de Parsons, en tanto resultado del paradigma de las cuatro funciones. Parsons relaciona:

"el concepto de medio generalizado al proceso de intercambio que se incrementa a través de la diferenciación. Para él, los medios están funcionalmente relacionados a los problemas de los subsistemas y no al problema general de la contingencia. El concibe, consecuentemente, cuatro y sólo cuatro medios: dinero, poder, influencia y compromisos de valor. Esto es, al nivel del sistema social no hay lugar para la verdad, no obstante la ciencia es un sistema social en el mismo sentido que la economía o la política. En su aun incompleto estado es difícil revisar la teoría, pero parece haber un peligro de arbitrariedad al vincular de forma puramente analítica problemas, sistemas, subsistemas procesos de intercambio y medios, en tanto no puede ser suficientemente controlado a través de una simple repetición del esquema AGIL" (Luhmann 1977:515. También Luhmann 1982b:57-9).

El poner como punto de partida las consecuencias de los incrementos de contingencia hace imposible mantener una analítica que deduce la existencia de tales o cuales medios en función de un esquema preconcebido. Por el contrario, debiera hacer de la determinación del proceso de diferenciación y de los medios asociados a los distintos subsistemas una cuestión a estudiar empíricamente, por ejemplo, como investigaciones históricas referidas al desarrollo de instituciones específicas.

Una vez claras las principales diferencias del planteamiento de Luhmann con la postura de Parsons, podemos pasar ahora a revisar las propiedades generales que Luhmann atribuye a los medios. Dentro de ellas encontramos algunas en las que no aparecen mayores diferencias respecto de la formulación original. Entre las similitudes encontramos que Luhmann también sostiene que los medios sufren dinámicas de inflación y deflación dependiendo del uso que se haga de ellos y que en ese contexto no sujetas a la condición de suma cero. Del mismo modo, los medios son la estrategia que el sistema en referencia usa para estabilizar sus operaciones. Respecto del resto de las propiedades propuestas por Parsons estas sufren modificaciones más o menos importantes.

1. La tecnicidad (46) de los medios radica en que con ellos se dispone de nuevas combinaciones de selección y motivación en contextos especiales. Como ya lo hemos señalado, los medios se distinguen del lenguaje en su capacidad de codificar preferencias y a partir de ello de motivar la realización de determinadas selecciones. Esa es justamente la propiedad evolutiva que Luhmann les atribuye.

2. La generalización se refiere tanto a la dimensión simbólica como a la esquematización binaria que presenta el medio. La generalización simbólica da validez universal a la perspectiva del medio, es decir, permite entender la comunicación con independencia de los interlocutores, sus motivos y el contexto. Al mismo tiempo permite regular, aunque sin determinar del todo, las distintas situaciones en que el medio entra en acción. Los medios deben ser independientes de las particularidades del contenido de las emisiones, en tanto su dimensión simbólica le permite participar en situaciones muy diversas. Los medios solucionan gastos en interpretación que, en caso contrario, debieran hacerse permanentemente con miras a facilitar el éxito comunicativo, en la medida en que solucionan los problemas de contexto que podrían entorpecer la comunicación. Por otro lado, los códigos con que operan los medios, son útiles en tanto estructuras extremadamente simples —recuérdese que ya las caracterizamos como disyunciones que operan mediante: si / no— de elaboración de información y motivación para la aceptación de las selecciones.

"el código se caracteriza por la preferencia social por un valor (definido como positivo) con respecto al otro: esto permite al código autocolocarse en ese valor (la verdad en lo verdadero, el dinero en el pagar). Esta autocolocación genera las expectativas de aceptación: se acepta lo que está indicado como valor positivo (lo verdadero, los pagos). El valor negativo (lo no verdadero, el no pagar) sirve en cambio para la reflexión, ya que subraya la contingencia de lo positivo" (Corsi, pág. 108. Una exhaustiva discusión sobre las propiedades de los códigos se encuentra en Navas 1989:265 – 270).

Es la dinámica de operación de los códigos la que provoca la tecnicidad de las operaciones del medio a la que ya hicimos mención. Una consecuencia de la exigencia de simplicidad que se le hace al código, es que el desarrollo evolutivo hace de los códigos primarios de cada medio (tener / no tener; poder / no poder; lícito / ilícito; verdad / no verdad, etc.) estrategias insuficientes para reducir la complejidad y mantener en buena forma las operaciones del sistema. Es por ello que, intentando no perder la gran ventaja que significa simplificar la comunicación, aparecen lo que Luhmann denomina códigos accesorios:

"Entre las propiedades típicas de los códigos accesorios podemos destacar las siguientes: las estructuras corren en un sentido contrario para abordar la misma función; por consiguiente, pueden asumir funciones con mayor concreción y dependencia del contexto combinadas con una tecnicidad más reducida; y una más restringida capacidad de legitimación en la sociedad. La posibilidad de recurrir a los códigos accesorios dentro del ámbito de un medio puede preservar de la apelación a medios de otro tipo para compensar insuficiencias funcionales. De este modo, aunque sea un síntoma de sobrecarga, dicha posibilidad sirve para mantener en pie la autonomía de los sistemas ordenados en torno a medios y su diferenciación funcional" (Luhmann 1998d:124).

3. Los programas son las estrategias operativas del medio. La rigidez de las operaciones del código tiene otra consecuencia además del desarrollo de códigos accesorios, el establecimiento de programas que dan sentido ‘empírico’ a los medios que por sus propias características se mantienen a nivel general.

"los programas compensan la rígida condición binaria del código, que permite tomar en consideración únicamente dos valores, introduciendo en la decisión criterios extraños a este (...) los programas son los que dan cabida al excluido tercer elemento, al que es extraño a la contraposición entre lo dos valores del código, al interior del sistema que se orienta hacia éste, y de esta manera mitiga la unilateralidad del código (...) mientras que el código nunca puede ser cambiado, los programas pueden variar gracias a operaciones del mismo sistema: en el interior de la ciencia, por ejemplo, algunas teorías y métodos pueden cambiar, aunque siempre con base en el código verdadero / no verdadero" (Corsi, pág.132-3).

4. Los medios producen paradojas. Muy ligado a la propiedad anterior, la necesidad de extrema simplicidad que se manifiesta a través del código, tiene como resultado que el medio no queda en disposición de aplicar sus distinciones a sí mismo. La distinción legal / no legal, por ejemplo, no puede por sí misma fundamentar la legalidad de sus operaciones. No obstante, la autopoiesis del sistema no se detiene frente a la paradoja, pues a través de los programas el sistema resuelve internamente la forma de seguir operando. Las paradojas son tales sólo en tanto observaciones (o autoobservaciones) con las que se pretende describir la forma en que el sistema realiza su autopoiesis.

5. Los medios tienen también una dimensión simbiótica u orgánica. Luhmann agrega una nueva dimensión al análisis de los medios, señalando lo que denomina dimensión simbiótica. Esta no es otra cosa que la constatación respecto que Ego y Alter comparten un mundo orgánico y físico que les es común:

"la diferenciación externa y la especificación de los principales medios-códigos sociales ha formado una simultánea especificación de los mecanismos simbióticos, en el sentido de que para cada medio se dispone de uno y sólo uno de tales mecanismos: para la verdad de la percepción, para el amor de la sexualidad, para la propiedad y el dinero de la satisfacción de necesidades, para el poder y el derecho de la fuerza física. Estas coordinaciones no son intercambiables. Antes bien, con la especificación del medio se dan a la vez las correspondientes especificaciones de las relevancias orgánicas. Estos mecanismos son comparables también en la medida en que toman en consideración sólo procesos orgánicos sumamente plásticos, moldeables por el sentido y, por ello, especificables; y además, porque combinan una posición más bien marginal en el proceso de comunicación con funciones centrales de comprobación, seguridad e identificación" (Luhmann 1998d:119).

Ya hicimos mención de esta dimensión orgánica en relación con las formas de interpenetración sistémica en que el cuerpo debe ser considerado. Es en ese sentido en que Luhmann señala, como hipótesis, que parte del éxito evolutivo de algunos medios por sobre otros depende justamente de las posibilidades de control y utilización de esas capacidades orgánicas en relación a la dimensión simbólica del medio en cuestión (ver Luhmann 1977:520. Una discusión más extensa sobre la participación del cuerpo en las interpenetraciones sistémicas y su relación con la dimensión simbiótica se encuentra en Luhmann 1991:250-7).

6. Los medios permiten un tipo especial de relación entre los subsistemas de la sociedad. Todas las restricciones ya mencionadas respecto de las operaciones de los códigos hacen que la forma en que se producen las relaciones de intercambio entre los subsistemas no puedan ser descritas simplemente como intercambios, ni a través de lo que Parsons denominaba la ‘circulabilidad’ de los medios. Por el contrario, la tecnicidad de sus operaciones hace que el problema de las relaciones intersistémicas se transforme en un evento que merece atención especial.

"Desde puntos de vista que atienden al proceso, esta problemática culmina en las cuestiones de la convertibilidad de los distintos medios (como recursos) entre sí. Los procesos, en cuanto vinculados a un código específico, tienen que mantenerse separados, de manera que, por ejemplo, ni el poder ni el dinero, ni el amor pueden ser usados en el contexto de la prueba de la verdad; (...) A pesar de tales prohibiciones de la convertibilidad, existen conexiones y posibilidades de influencia, sobre todo en el plano motivacional, que, entonces, deben ser disimuladas u ocultadas en la presentación (por ejemplo: puntos de visa políticos y económicos en la elección de temas científicos, consideraciones crematísticas en la elección del cónyuge, orientación hacia la política coyuntural y política de subvenciones, financiación políticamente orientada de partidos y prensa, etc.). Para la diferenciación de los medios es decisivo que tales posibilidades de integración existan, pero sin que conduzcan a una interposición en la estructura binaria del otro medio, es decir, sin que basten para decidir sobre verdadero/falso, lícito/ilícito, etc." (Luhmann 1998d:120-1).

Esta propiedad se relaciona con los conceptos de autopoiesis e interpenetración, en el sentido que sólo los componentes del sistema político pueden producir poder político y la complejidad reducida por el sistema económico como dinero sólo puede ser apropiada como poder. La interpenetración de los medios se torna en este sentido una estrategia que refuerza la autopoiesis del sistema de referencia.

3.3.2. La Distinción entre Acción y Experiencia. Los Medios de Niklas Luhmann

La tarea de los medios es reducir la gran complejidad existente en contextos de acción y comunicación. Tales situaciones son caracterizadas por la contingencia inscrita en las selecciones, que impide saber que va a pasar, los cursos que efectivamente se seguirán y aquellos que no serán actualizados. El estudio de las dinámicas selectivas de esos procesos obliga, al menos, a considerar algunos puntos de referencia para localizar las atribuciones de las reducciones de complejidad. Con ello, Luhmann pretende dar argumentos teóricos respecto de qué medios se encuentran efectivamente en operación en una sociedad funcionalmente diferenciada. Es necesario considerar que el listado propuesto no es teóricamente cerrado —como lo es la tipología de Parsons— ni es un registro empírico exhaustivo, pues debe siempre quedar abierta la posibilidad de encontrar nuevos medios. Luhmann propone como criterio para establecer esas referencias la distinción entre acción y experiencia:

"concebimos un proceso como acción si la selectividad se atribuye al sistema y como experiencia si la selectividad es atribuida a la situación o entorno del sistema" (Luhmann 1977:510).

El elemento que produce la distinción entre acción y experiencia es siempre la atribución de la reducción de complejidad. Si la reducción es atribuida como ajena al sistema, es decir, si es realizada por el entorno, entonces hablamos de experiencia. Por el contrario, si la reducción es producida por el propio sistema, es una prestación de éste, entonces la denominamos acción. Con miras a desarrollar las bases de un modelo teórico que permita señalar la existencia de tales o cuales medios, esa distinción entre acción y vivencia es vinculada con la de Alter y Ego. A partir de ello, Luhmann propone el siguiente modelo:

Cuadro 5
Los Medios según N. Luhmann
(Luhmann 1977:529, nota. 55. Las cursivas indican los cuatro medios que presentan un mayor desarrollo)

 

Experiencia de Ego

Acción de Ego

Experiencia de Alter

1) Verdad, acuerdos

2) Amor, influencia

Acción de Alter

3) Dinero, arte

4) Poder, derecho

Una primera lectura del cuadro muestra que Luhmann parece estar operando a una estrategia deductiva del mismo tipo que la usada por Parsons y que ha sido objeto de su crítica, pues los medios se derivarían de una combinación de categorías arbitrariamente seleccionadas. No obstante, el autor se encarga de mostrar que las consecuencias de usar esa tipología escapan a un razonamiento de tipo puramente deductivo. Luhmann plantea, en este contexto, una hipótesis respecto de la secuencia evolutiva en que los medios surgen, que señala las razones que hacen más favorable la institucionalización de unos medios por sobre otros:

"Los medios que regulan la transmisión de selectividad de la acción, por ejemplo el poder, diferencian e institucionalizan con mayor facilidad patrones especializados que los medios que regulan la transmisión de selectividad como experiencia. Esto explica parcialmente el hecho que algunos subistemas societales se hayan diferenciado primero que otros y que sólo las sociedades complejas completamente desarrollas pueden afrontar la especialización sistémica en torno a medios como el amor y la verdad" (Luhmann 1977:529, nota. 48).

A juicio de Luhmann, aquellas selecciones que son atribuidas como experiencia tienen la característica que no hay a quién hacer responsable por la decisión que la selección involucra, lo que puede ser entendido como una razón que explique las dificultades de la institucionalización de los subsistemas que operarán con tales medios. En último término, Luhmann está con ello reafirmando que el desarrollo temprano de determinados medios responde a la resolución del problema de la atribución de las selecciones, es decir, de la contingencia y no a la diferenciación sistémica, como lo pensaba Parsons. De modo muy esquemático, podemos revisar ahora la conceptualización que Luhmann hace de los cuatro medios principales.

1) Experiencia de Alter, Experiencia de Ego: verdad. Este medio promueve la equivalencia de experiencias entre Alter y Ego. La dinámica de la interacción muestra que Alter hace una atribución que corresponde al mundo exterior (constata un hecho), a la vez que Ego verifica o refuta esa atribución, utilizando para ello también al mundo exterior como referencia. Como ya señalamos, el mecanismo simbiótico que corresponde a este medio es la percepción. El concepto moderno de verdad se vincula a un estilo cognitivo de expectativas, donde se implementan programas (las teorías y metodologías) que se constituyen en los garantes de la veracidad de las afirmaciones:

"con ayuda de un código simbólicamente generalizado, que regula la supresión de diferencias atribuibles entre los participantes, puede ser continuamente explorado un entorno que es en principio desconocido y se muestra sólo por casualidad y no verazmente. (...) La diferenciación de tales condiciones de los códigos crea una situación en la que las informaciones sobre el entorno, primero surgidas ocasionalmente y luego conseguidas sistemáticamente, se hacen científicamente productivas, es decir, producen verdades y enunciados contrarios a la verdad con un alto valor conectivo. En correspondencia con ello, la relevancia de la verdad es definida de forma crecientemente científica, y las referencias directas al mundo de la vida —como, por ejemplo, el miedo a las tormentas, lo valioso de los materiales o la respetabilidad de las instituciones— retroceden como motivos para la aceptación de selecciones comunicadas. Las ciencias se convierten en una especie de masa autocrítica, que incrementa hasta lo imprevisible la capacidad de disolución frente a la naturaleza, convirtiéndose así en un factor del ulterior desarrollo social" (Luhmann 1998c:112-3).

2) Experiencia de Alter – Acción de Ego: amor. En el sentido moderno (de la relación pasional entre dos individuos que se eligen mutuamente) el amor es el medio que regula las relaciones íntimas entre Alter y Ego. En las operaciones del amor como medio, la atribución de la selección de Alter se realiza como experiencia, en tanto lo que está en juego son los sentimientos de Ego (que son, por cierto, exteriores a Alter). Ego, por su parte, actúa en el sentido de confirmar o desechar las experiencias de Alter, las atribuciones en ese caso son entendidas como acción. El mecanismo simbiótico que se presenta para este medio es la sexualidad.

"De esta forma el mundo es configurado para relaciones diádicas, es decir, esquematizado binariamente a través de la regla: ‘Tú y ningún/a otro/a’. De esta forma, el mundo puede ser duplicado: por una parte, hay un mundo de la vida público, constituido anónimamente, y, por otra, un mundo privado constituido idiosincráticamente, en el que los acontecimientos son valorados paralelamente y donde el yo correspondiente, gracias a su relevancia en el mundo del otro, puede adquirir un significado particular, que le compensa por su falta de significado público. Esta duplicación dramatiza el problema de la transmisión de selecciones y fuerza la transferencia en el plano de la generalización simbólica" (Luhmann 1998c:113-4).

La cita informa de la necesidad de concebir un medio complementario que regule las experiencias de Alter y las acciones de Ego, pero no para el caso de la vida privada, sino de la vida pública. Siguiendo a Parsons, Luhmann la concibe como influencia. (47)

3) Acción de Alter – Experiencia de Ego: dinero. En este caso, Alter busca satisfacer sus intereses e implementa para ellos determinados cursos de acción, es el poseedor del dinero. Ego, por su parte, responde a los intereses de Alter, por lo que la atribución de la selección en su caso opera como experiencia. Es muy importante considerar como en el caso de Luhmann el dinero ha perdido totalmente su carácter de medio paradigmático.

"El dinero transmite selecciones bajo las condiciones en que la libertad de elegir también se transmite (...) el dinero, por otro lado, tiene su característica distintiva en el hecho que continuamente regenera contingencia, a través de las condiciones de selección; esto permite la especificación de necesidades bajo las condiciones que la indeterninación se restaure en quienes aceptan el dinero en el intercambio" (Luhmann 1977:517).

La satisfacción de necesidades es el mecanismo simbiótico en que se sostienen las operaciones del dinero. Especialmente importante en este caso es que la aceptación de Ego de la acción de Alter tiene un carácter siempre contingente. Por otro lado, Luhmann enfatiza la función a nivel societal que tiene un medio como el dinero:

"Para el sistema de la sociedad este medio realiza algo diferente: motiva en última instancia la quietud y la aceptación como vivencia de todos los que en cada caso no son poseedores, independientemente de que, por su parte, sean en aquel momento ricos o pobres. Por lo tanto, con ayuda de la propiedad y del dinero se posibilita la tolerancia de la riqueza como condición de una más alta especificación de los procesos económicos" (Luhmann 1998c:115-6).

4) Acción de Alter – Acción de Ego: poder. El tipo de interacciones que regula poder, se constituye como atribución de selecciones como acción, tanto para Ego como para Alter. Quien detenta una mayor 'cantidad' de poder tiene la discrecionalidad para decidir si aplica o no aplica determinadas sanciones en función de la realización de un curso de acción específico. Por otro lado, quien puede recibir las sanciones tiene un margen de libertad para decidir qué hacer. El mecanismo simbiótico que opera en el caso del poder es la fuerza física.

"constrúyase una alternativa valorada negativamente, que Alter y Ego pretendan evitar, pero cuya evitación sea más imperiosa para Ego que para Alter (...) Según la opinión predominante, para poder operar de forma generalizada en la sociedad, el poder tiene que estar respaldado por el consenso y ser legítimo en este sentido. Esta concepción afecta a los símbolos generalizados del código poder. A esto se añaden exigencias dirigidas a la codificación misma. Así, una codificación secundaria del poder con ayuda del esquematismo jurídico lícito/ilícito parece ser un requisito de eficiencia técnica y de especificación operativa" (Luhmann 1998c:116-7).

Hemos visto ya el marco general de las teorías de la sociedad de los tres autores. El próximo capítulo está dedicado a sistematizar los principales ámbitos de trabajo en que la teoría de los medios muestra interés para la reflexión sobre la tensión entre integración y diferenciación.

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Dr. Francisco Osorio
Facultad Ciencias Sociales
Universidad de Chile