4. Cómo pueden los Medios Simbólicamente Generalizados aportar en la Constitución de un Concepto de Sociedad
"a menudo, ciertamente, un alto nivel de diferenciación sistémica puede también justificarse desde puntos de vista normativos; y mientras el aumento de complejidad de la administración estatal y la economía capitalista discurrió paralelamente a una creciente ’inclusión’ de los ciudadanos y de los agentes económicos, pudo suponerse, consideradas las cosas en conjunto, una sintonía y armonía entre los procesos que desde puntos de vista funcionales se presentaban como ganancias en diferenciación y desde puntos de vista normativos como progresos en la realización de iguales derechos. Pero estos desenvolvimientos paralelos sólo consistieron en nexos contingentes, en modo alguno en nexos de tipo lineal, y ello hasta hoy. Además de la circunstancia de que hoy en las sociedades fragmentadas del mundo de la OCDE, el bienestar y la seguridad social de una mayoría de la población vayan crecientemente de la mano de la segmentación y exclusión de una subclase desamparada e impotente, desfavorecida en casi todas las dimensiones, no es sino uno de los muchos indicios de tendencias que discurren en dirección opuesta" (Habermas 1998:430).
"La integración en las sociedades modernas no se produce en un ámbito —económico, político o cultural— sino que es el producto de la coordinación de varios procesos de integración —funcional, moral y simbólica—. No existe una simultaneidad en estos procesos de integración" (Beriain 1996:23).
"la diferenciación avanza a un punto tal que la sociedad pierde la noción de sí misma en tanto sociedad. Se desvanecen las representaciones colectivas acerca del ‘orden’ y, por lo tanto, los sentimientos de arraigo social o de pertenencia a una comunidad" (Calderón y Lechner 1998:19).
A través de los tres capítulos se ha intentado mostrar el interés que puede presentar vincular un planteamiento relativo al problema de la evolución con las conceptualizaciones sobre la integración social, con miras a investigar los aportes que en esa discusión se pueden realizar a la definición de un concepto de sociedad. Para ello, la estrategia seleccionada fue la teoría de los medios simbólicamente generalizados, entendidos como programa progresivo de investigación.
La complejidad de los autores y de la temática abordada hacía necesario que el tenor y la estructura de nuestra exposición fuese más bien formal y abstracta. De modo asistemático, no obstante, se han ido enunciando no sólo las principales tesis en disputa, sino también algunos ámbitos de investigación específicos que resultaban atractivos. Una discusión conceptual de este tipo dificilmente puede traducirse inmediatamente en la proposición de ámbitos de investigación empíricos donde mostrar el potencial de la discusión realizada. En cambio, estamos en condiciones de mostrar algunas dimensiones conceptuales donde la teoría de los medios puede participar en la reflexión de problemas sociológicos generales.
En la línea que señala la motivación que estaba a la base de las primeras formulaciones de esta tesis, debe estar claro ya que efectivamente existe un vínculo entre la teoría de los medios simbólicamente generalizados y un concepto de sociedad, en el sentido que las posiciones adoptadas por los autores frente a los medios dan cuenta de la orientación que está a la base sus respectivas propuestas teóricas. En otras palabras, su tratamiento de la teoría de los medios nos muestra los fundamentos de sus concepciones de sociedad.
En el análisis del estado de la diferenciación social, Parsons se pone en una posición donde lo que se privilegia son las ideas de equilibrio y reciprocidad, pues si bien el grado empírico de diferenciación de una sociedad debe ser determinado caso a caso, la tendencia general viene definida por las coordenadas del marco de referencia teórico. Los medios juegan en este contexto el papel de permitir la conceptualización de las dinámicas de los intercambios recíprocos entre los sistemas diferenciados. Puede constatarse, en ese caso, un traslado de premisas desde un plano ideológico al nivel teórico de la argumentación.
La propuesta de Luhmann puede considerarse en el sentido de reconocer las dinámicas que rigen las actuales condiciones de las sociedades contemporáneas. Colocar como punto de partida del análisis los principios de la complejidad y la contingencia son la forma en que el autor espera mostrar la inadecuación que presentan cursos de acción 'voluntaristas', es decir, que esperan producir condiciones con independencia de las lógicas propias de los procesos sociales. El dardo de su crítica se dirige, por tanto, a las posiciones que creen que la sociedad puede aun gobernarse como un todo, a partir de un eje que estructura el conjunto de sus prácticas. La tesis que los medios son previos al proceso de diferenciación se sostiene justamente en la intención de mostrar en qué sentido los procesos sociales están sujetos a lógicas que les son propias, y que por tanto resultan incontrolables.
Habermas, por su parte, en su intento de rescatar la dimensión emancipadora del proyecto de la ilustración, busca afanosamente evitar las consecuencias relativistas del diagnóstico de una diferenciación funcional generalizada, concentrando sus esfuerzos en la búsqueda de una racionalidad propia de los procesos de entendimiento intersubjetivo, con miras a utilizarlo como referente normativo de las relaciones sociales. Sus reservas frente a la teoría de los medios se manifiestan justamente en que estos podrían impedir el acuerdo racionalmente motivado entre actores competentes, en función a la alta autonomía de las operaciones de los medios. El proyecto teórico de Habermas se queda sin sustento si se mimetizan las dinámicas estratégicas y comunicativas de coordinación de las acciones.
Más allá de eso, la presentación realizada pretendía destacar la importancia que una teoría de los medios tiene en el desarrollo de una teoría sociológica de la sociedad contemporánea. Como se recordará, el contexto para situar esa discusión lo entrega la idea de la autosuficiencia como referente teórico para definir lo que es una sociedad. Para Parsons tiene sentido vincular este concepto con el de estado-nación, en tanto ambos aparecen en su concepción moderna en el siglo XIX. Resumiendo el planteamiento ya expuesto, recordemos aquellas dimensiones del concepto que resultan más relevantes en este contexto:
Una definición de sociedad a partir de la idea de autosuficiencia tiene como supuesto que la sociedad ya se encuentra diferenciada, es decir, la existencia de cuatro subsistemas funcionales altamente especializados. Al mismo tiempo, es interesante constatar la relevancia del problema de la integración de la sociedad en la definición de sus condiciones de autosuficiencia. El historiador E. J. Hobsbawm ha señalado que a principios de los años treinta, y por un par de décadas, la sociedad norteamericana puede concebirse 'empíricamente' como un estado - nación autosuficiente, pues con excepción de unas pocas materias primas, no requiere del resto del mundo para su subsistencia (Hobsbawm 1998b:96 y ss ). Más allá de la conciencia que Parsons pueda haber tenido al respecto —y cuanto hayan influido antecedentes de este tipo en su apología de la sociedad norteamericana— es interesante enfatizar que el planteamiento parsoniano vincula directamente la sociedad, en un sentido teórico, con el estado - nación moderno.
Las consecuencias locales de las fluctuaciones mundiales del capitalismo; el crecimiento sistemático del comercio internacional; la preocupación por las condiciones de competitividad internacional de las economías nacionales o regionales; políticas económicas que pueden aplicarse como máximas con valor universal desvinculadas de los contextos regionales; la masificación de la democracia (al menos en su dimensión formal) como régimen de gobierno; la creciente aceptación de la convención universal de los derechos humanos como marco regulatorio que prevalece sobre las legislaciones nacionales; los flujos de información que se mueven a través de Internet y de los medios de comunicación de masas en general; la movilidad internacional de los científicos y sus descubrimientos, entre tantos otros, son todos fenómenos en que si bien los estados tienen la posibilidad influir, se encuentran bastante lejos de poder controlar individualmente.
En un contexto histórico de este tipo, una idea como la de autosuficiencia para describir un estado-nación ha perdido buena parte de su poder heurístico. Una teoría de los medios puede aportar al estudio y reflexión de tales fenómenos, en la medida que permite entender las dinámicas por las que se rigen esos problemas funcionales, más allá de sus posibles determinaciones locales. Ya sea que se pretenda mantener la idea de autosuficiencia como un principio teóricamente relevante —cuestión que como hemos visto no ha sido parte de la discusión— o si se opta por abandonarlo, nos parece que la propuesta de Luhmann sobre la necesidad de desvincular, en el plano teórico, el concepto de sociedad con el de estado-nación debe considerarse como una sugerente hipótesis de trabajo. Más que 'enterrar' a los países y sus relaciones como posibles categorías (u objetos) de análisis, se trata de abrir nuevas perspectivas para intentar determinar cuáles son y qué consecuencias tienen en la población los principales problemas sociales de nuestro tiempo.
Tal vez la principal consecuencia de un planteamiento de este tipo es que queda abierta la interrogante respecto de las posibilidades de determinar un 'centro' de la sociedad. Se asume que ni la política, ni la economía, ni la cultura pueden esgrimir, por sí solas, una posición privilegiada ni en lo que respecta a las dinámicas de reproducción social, ni al desarrollo de esquemas observacionales para describir la sociedad. Ciertamente, en las propuestas rigurosamente sistémicas de Parsons y Luhmann no tiene sentido intentar encontrar —o inventar— un centro para la sociedad.
Parsons puede pretender que el sistema fiduciario tiene preeminencia en la jerarquía cibernética, así como atribuir a la comunidad societal —con el diseño de los componentes estructurales (valores, normas, colectividades y roles)— una importancia que, en el marco general que provee el esquema AGIL, queda más bien desdibujada. En ese sentido, es interesante constatar que a pesar de la importancia que tiene la influencia como recurso relativo al problema de la integración social, los distintos medios tienen igual dignidad analítica, se requieren y presuponen mutuamente, por lo que resulta imposible priorizar entre ellos. Por su parte, Luhmann se ha esforzado por mostrar la necesidad de concebir que todas la funciones societales tienen igual dignidad, terminando para ello con el postulado de las jerarquías cibernéticas, central en el planteamiento parsoniano. Cualquier intento en otra dirección no sería más que una teoría anclada en la 'tradición ontológica veteroeropea' que se ha quedado sin referente. Tal vez si las reflexiones que el autor hace sobre la moral puedan entenderse en el sentido de un medio que pone límites a un proceso de diferenciación funcional incontrolable, pero nuestra impresión es que se trataría sólo de eso, de alguna clase de mecanismo de control que corre 'en contra' de la diferenciación funcional, pero en ningún caso de un centro de la sociedad.
En un lenguaje más técnico, Habermas se ha hecho la pregunta respecto si es posible concebir un 'metamedio', es decir, algún medio que permita llevar a un trasfondo común los lenguajes funcionalmente especializados que los medios representan. La función en la que tendría que concentrarse un medio de este tipo sería justamente desarrollar la habilidad de hacer compatibles, de traducir, los mensajes de los distintos medios. El autor ha propuesto que el lenguaje ordinario (48) y el derecho son las instancias claves que debieran permitir mediaciones entre los sistemas y el mundo de la vida. Serían una suerte de 'metamedios' en la medida que el lenguaje ordinario sirve como trasfondo a toda comunicación, por una parte y que el derecho, normativamente anclado al mundo de la vida a través de los derechos humanos, es capaz de permear en la dinámica autorregulada del sistema administrativo - burocrático. El autor sostiene que la diferenciación funcional produce una integración a nivel superior, donde tiene sentido la hipótesis de un medio que regula las comunicaciones de los lenguajes especializados:
"cuando se sigue la argumentación de la filosofía analítica del lenguaje, no acaba uno encontrando, por lo demás, nada de sorprendente en la idea de que el lenguaje ordinario actúe de ‘último metalenguaje’. El lenguaje ordinario constituye ese medio abierto que es un lenguaje que circula a lo largo y ancho de toda la sociedad y del que puede traducirse a, y al que puede traducirse de, todos los discursos especiales" (Habermas 1998:428).
El contexto en el que Habermas plantea estas consideraciones es el de un renovado interés por la dinámicas a través de las que se forma una esfera pública en las sociedades del capitalismo tardío y muy fundamentalmente en las consecuencias que ello tiene para una teoría de la democracia. Habermas señala que ni la política ni la economía pueden ya utilizarse como referentes que dan unidad a planteamientos de nivel societal. Al parecer, ello estaría ahora reservado a una 'esfera pública' donde quienes toman las decisiones técnicas se ven obligados a participar a los legos —en su calidad de ciudadanos— de las especificaciones técnicas de sus propuestas, y es sólo a partir de una discusión libre de los involucrados de donde surge el principio normativo que legitima su implementación. En ese marco, el derecho, el medio que representa la influencia y muy especialmente el lenguaje ordinario, cumplirían el rol producir un 'espacio público', que podría entenderse como el centro de una sociedad funcionalmente diferenciada (volveremos con algún detalle sobre esto en el acápite sobre la producción de solidaridad social en 4.2.1).
En un plano todavía muy abstracto, hemos mostrado en qué sentido la hipótesis que guía nuestro trabajo —la teoría de los medios simbólicamente generalizados es un elemento fundamental en la constitución de un concepto propiamente sociológico de sociedad— debe ser entendida. Nos parece que debe estar clara la pertinencia de sostener la existencia de un vínculo entre medios y sociedad. Si ello es así, podemos pasar entonces a intentar mostrar aquellos ámbitos donde nos parece que se manifiestan los aportes de la teoría de los medios hace al concepto de sociedad. Para ello, dividimos la presentación en dos grandes apartados donde se exponen las dimensiones e hipótesis más sugerentes de la revisión realizada. El primero está dedicado a la relación entre medios y diferenciación, el segundo al vínculo entre medios e integración.
4.1. Medios y Diferenciación
4.1.1. Conceptos de Evolución Social
Respecto de este tema, los tres autores estudiados hacen un diagnóstico relativamente compartido, en tanto los principales problemas societales de tipo evolutivo se refieren a que la diferenciación pone de manifiesto la necesidad de estrategias o dinámicas sociales que permitan la coordinación entre los ámbitos autonomizados. La hipótesis implícita en esos razonamientos es que a nivel societal la resolución de este problema es cada vez más relevante. Planteadas así las cosas, es necesario intentar un acercamiento a las dimensiones del problema de la evolución social que pueden desprenderse de la discusión de las páginas precedentes. La idea de evolución sociocultural, como parte de una concepción fuertemente ilustrada sobre el cambio histórico, se vincula muy directamente con la idea de progreso o modernización, que pueden ser usadas a la vez como descripción y evaluación de la direccionalidad del proceso histórico. En tanto los tres autores estudiados hablan explícitamente de evolución social, se hace necesario una delimitación más precisa de la especificidad de su uso. Lo primero que habría que señalar es la distancia que se aprecia entre estos planteamientos y cualquier clase de filosofía de la historia. El decurso del proceso histórico ya no es concebido a través de una racionalidad inmanente que señala su sentido. El fin de la historia no se encuentra teleológicamente asegurado.
Respecto de Parsons, no obstante, permanecen algunas dudas sobre la teleología que puede subyacer a su planteamiento evolutivo. Tal discusión se encuentra avalada por el contenido ideológico de su propuesta teórica, a partir de la presentación de la sociedad norteamericana como un modelo cuasi necesario de la evolución social para las sociedades occidentales capitalistas. No obstante, es cierto que Parsons no cree haber llegado a un final de la historia ni mucho menos. La dimensión apologética de sus planteamientos no lo confunde hasta tal punto, no obstante como ya señalamos una de las características más relevantes de su planteamiento evolutivo es el indudable optimismo histórico en que occidente seguirá la ruta ya recorrida por Estado Unidos. Según Cohen y Arato, ello es así en la medida que Parsons concebiría a su país como un estadio societal posterior tanto al capitalismo como al socialismo. Ambos habrían mostrado su obsolescencia ya sea por una ausencia total de control gubernamental sobre la economía, en el caso del primero, o por un control desmedido y asfixiante, para el segundo (Cohen y Arato 1992:134-5).
En ese marco, los aportes de la teoría de los medios pueden referirse a su sensibilidad respecto de las condiciones de operación de los distintos sistemas funcionales. Sólo a modo de ejemplo si, como lo señalan Cohen y Arato, en las sociedades socialistas el gobierno tenía un control total de la actividad económica —y podríamos agregar que sucede algo análogo en el ámbito de la sociedad civil y de la cultura— ello debiera manifestarse como una inflación del medio que representa el poder político en relación a otros, lo que podría provocar alguna clase de crisis societal.
En todo caso, nuestra impresión es que más que teleología o alguna suerte de filosofía de la historia, la postura evolutiva de Parsons se sustenta en una concepción fuertemente optimista y universalista, que defiende las instituciones y valores modernos como logros de la especie humana como tal. De modo similar, nos parece que tanto Habermas como Luhmann tienen una posición antirrelativista. En ambos casos, hemos documentado explícitamente la distancia de sus planteamientos tanto de la filosofía marxista de la historia (Habermas), como de la posibilidad de explicar las dinámicas de la diferenciación funcional en relación a alguna ley general de la evolución (Luhmann).
Siguiendo a G. Roth (1981), podemos decir que en el marco de la teoría sociológica contemporánea, una reflexión sobre el problema de la evolución debe emprenderse considerando cuatro niveles analíticamente independientes:
Tomando como marco general ese modelo, podemos establecer una comparación entre los tres autores estudiados en lo que se refiere a los niveles teórico, programático y normativo, lo que permitirá poner en evidencia las similitudes y diferencias entre sus posturas.
Cuadro 6
Los Planteamientos Evolutivos a Niveles Teórico y Normativo
NIVEL TEÓRICO |
NIVEL NORMATIVO |
|||
Marcos teóricos |
Concepto clave (*) |
Evolución entendida como |
Orientación hacia la evolución |
|
Parsons |
Teoría de sistemas, cibernética, teoría de la evolución |
Universal evolutivo |
Incrementos de la capacidad adaptativa |
Optimismo Radical |
Habermas |
Psicología cognitiva, materialismo histórico, teoría de sistemas, teoría de la acción |
Principio de organización |
Aprendizaje, ampliación de las posibilidades de una comunicación libre de coacciones |
Optimismo Moderado (Escepticismo) |
Luhmann |
Teoría de sistemas, teoría de la evolución, teoría de la Comunicación |
Diferenciación |
Incrementos de complejidad y contingencia |
Abstinencia |
(*)Los conceptos han sido definidos en los capítulos respectivos.
Cuadro 7
Los Planteamientos Evolutivos al Nivel Programático
Sociedades de unidades iguales |
Sociedades jerárquicamente desiguales |
Sociedades posteriores al siglo XVIII |
|
Parsons |
Sociedades primitivas y arcaicas |
Imperios históricos intermedios |
Sociedades modernas |
Habermas |
Sociedades neolíticas |
Sociedades estatalmente organizadas (imperios) |
Sociedades modernas |
Luhmann |
Sociedades segmentarias |
Sociedades estratificadas |
Sociedades funcionalmente diferenciadas |
En una conferencia realizada en Chile en noviembre de 1998, E. Hobsbawm señalaba, contra la crítica de etnocentrismo al concepto de historia universal, que en lo que respecta a la historia de la modernidad (que en su opinión se inicia con la independencia norteamericana y la revolución francesa) ésta debe ser narrada desde la perspectiva de occidente (Europa y Estados Unidos) en la medida que la influencia de las transformaciones materiales y culturales ahí iniciadas no se comparan con las de ninguna otra en el mismo período. Lo interesante de ese planteamiento es que Hobsbawm lo sostiene fundamentalmente por razones metodológicas, es decir, en relación a los problemas interpretativos en la investigación de ese período de la historia reciente. Sólo adoptando la perspectiva de occidente, el historiador tendría la posibilidad de construir un relato que haga coherente y permita entregar sentido al proceso histórico de los últimos dos siglos y medio.
Nos parece que el planteamiento de Hobsbawm puede ayudarnos a entender la perspectiva evolutiva con la que los autores han estudiado el surgimiento y las actuales condiciones de las sociedades modernas, ya que como proceso de diferenciación social sus consecuencias serían de alcance universal. Al mismo tiempo, como hemos repetido, desalojan de sus explicaciones la cuestión del cuál es el fin de la historia. Ciertamente, con un giro de ese tipo si bien la carga normativa que tiene el concepto de evolución puede morigerarse, no desaparece, pues ninguno de los autores estudiados pretende sentar las bases de una postura que ponga como principio normativo alternativo alguna clase de inconmensurabilidad cultural. Por el contrario, sus hipótesis se dirigen más bien hacia el estudio de las consecuencias de la implementación a escala planetaria de instituciones que originalmente se desarrollaron en el occidente europeo. Mas por otro lado, y aquí radica la originalidad de los planteamientos evolutivos estudiados, no existe fundamento que permita asegurar el carácter necesario de tales instituciones y que en distintos contextos culturales los procesos seguirán un trayecto similar. En síntesis, encontramos aquí una hipótesis de trabajo interesante, en tanto permitiría un vínculo más directo de sus planteamientos evolutivos (en los niveles teórico y normativo), con los resultado del trabajo histórico: los autores convergen en una posición evolutiva que habla del advenimiento de las sociedades modernas como un fenómeno de alcance universal pero no por ello necesario.
4.1.2. El Rol de los Medios en la Diferenciación Social
A pesar de la importancia que como hemos visto los autores asignan al problema de la diferenciación, de la revisión realizada no se desprenden tesis sistemáticas referidas al principio de diferenciación que explica la secuencia de la evolución sociocultural, los autores son especialmente cautelosos en lo que se refiere a la posibilidad de sostener planteamientos sistemáticos respecto al cómo de la diferenciación. Hasta el momento, no existe una teoría de la diferenciación social (funcional) propiamente tal. Nuestra impresión es que uno de los elementos que participan de esa situación es, como ya enunciamos, la poca claridad respecto de la forma en que han de combinarse las afirmaciones teóricas generales, por un lado, con los resultados empíricos de investigaciones históricas y antropológicas, por otro. Parece existir consenso respecto que la teoría de los medios puede prestar ayuda en la clarificación de estos problemas, en la medida que tiene un vínculo directo con el problema de la diferenciación. No obstante, las posiciones respecto a cómo ello ha de producirse no convergen. Más bien, como lo hemos venido señalando, encontramos planteamientos opuestos en los casos de Parsons y Luhmann, quienes trataron de modo más sistemático el asunto.
"Parsons parte de que el incremento evolutivo de la diferenciación sistémica no permite que las relaciones contingentes de recíproca dependencia entre los subsistemas —así como los procesos resultantes de ellas (interchanges)— puedan seguir adoptando la forma de un intercambio ad hoc (puro) de satisfacción de necesidades por satisfacción de necesidades (...) La gran variedad de relaciones externas que aparecen con la diferenciación sistémica tienen que ser mediadas a través de los ‘medios de intercambio’ simbólicamente generalizados, como por ejemplo el dinero. Entonces, cada subsistema ha de construir expectativas complementarias en relación con otros subsistemas, tanto para la base de concretas satisfacciones como en un plano simbólicamente generalizado, como para poder entrar en relación con ellos (double interchanges). Tales medios de intercambio son construidos en el transcurso de la evolución como lenguajes especializados para hacer posibles determinadas formas de relaciones intersistémicas. Ellos se desarrollan, por consiguiente, en referencia a problemas derivados de la diferenciación funcional" (Luhmann 1998c:101. También García 1997:106 y ss ).
Dos son las posturas a través de las que se vinculan los medios con la evolución social. Por una parte, el planteamiento de Parsons propone entender los medios como el resultado del proceso de diferenciación de los cuatro subsistemas sociales, a partir de la aplicación del modelo tetrafuncional. Las exigencias funcionales del proceso de diferenciación provocan el desarrollo de una serie de instituciones al interior de cada subsistema que para su adecuada implementación hacen de los medios una estrategia de resolución de dos problemas específicos, la regulación de las dinámicas de funcionamiento interno del sistema (entendidos como incrementos de racionalidad y autonomía) y la de los intercambios con los otros subsistemas del sistema social (interpenetración).
Desde esa perspectiva, la teoría de los medios viene sólo a mostrar la especificidad de un proceso de institucionalización ya en marcha, pues la explicación de la dinámica a través de la cual se produce la diferenciación sistémica viene garantizada por las coordenadas que ofrece el marco de referencia teórico. Al mismo tiempo, otra característica saliente de la perspectiva parsoniana es que se asume una reciprocidad automática en los intercambios sistémicos. Basada en una concepción de homeostasis que entiende el equilibrio como inestable, la idea de ‘dobles intercambios’ presupone una reciprocidad entre las dinámicas que relacionan los distintos subsistemas. Nuevamente ello es posible porque el logro de la reciprocidad y de la fluidez de los intercambios viene predefinidas teóricamente.
La segunda postura es intuida por Habermas y planteada sistemáticamente por Luhmann y en lo sustantivo invierte la estructura del razonamiento anterior. Partiendo de la complejidad e improbabilidad de las relaciones comunicativas, Luhmann señala que los medios son estrategias sistémicas que tienden a la reducción de esa complejidad, a la vez que permiten motivar determinadas selecciones. En esa medida los medios son previos a la diferenciación funcional, se los concibe como su principal catalizador. Los medios son el antecedente de la diferenciación sistémica, los subsistemas se estabilizarían como resultado de la reducción de complejidad que los medios hacen posible. Es por ello que Luhmann concibe, a diferencia de Parsons, tres tipos de medios (lenguaje, medios de difusión y simbólicamente generalizados) los dos primeros previos —y antecedentes fundamentales— de la diferenciación funcional de la sociedad moderna.
En ese sentido, los medios requieren de una institucionalización en los sistemas como forma de afianzar sus operaciones, más no la requieren como condición. Tienen como función favorecer unas selecciones por sobre otras, en cambio la diferenciación y formación de sistemas se relaciona más directamente con la estabilización de aquellas cadenas de selecciones que resultan útiles para que el sistema mantenga su autopoiesis. Qué sistemas se forman a través de la diferenciación, cuáles ven favorecida su institucionalización y por qué motivos, son cuestiones que a juicio de Luhmann requieren para su determinación de un trabajo empírico que se base en la investigación de las condiciones de surgimiento y desarrollo de los medios como condición del proceso de diferenciación. La perspectiva adoptada por Luhmann, con sus trabajos monográficos referidos a la evolución de las operaciones de los medios durante los últimos dos o tres siglos, es la implmentación de una línea de investigación en esa dirección (en sus trabajos sobre el poder, Luhmann 1995a, o el sobre la evolución de la relaciones íntimas).
La perspectiva luhmaninana para comprender la relación entre los medios y el problema de la diferenciación funcional, nos parece una forma en que la tesis de una modernidad como proceso universalizante, pero no necesario, puede cobrar mayor claridad. La contingencia como punto de partida, ligada a los incrementos sistemáticos de complejidad que 'obligan' a los sistemas a agudizar sus mecanismos selectivos —esto es, medios— permite una defensa metodológica de un planteamiento sociológico con pretensiones explicativas generales, sin la necesidad de caer en fundamentalismos o teleología. Deja abierta una puerta desde la cual recrear, por ejemplo, preguntas relativas al carácter y la especifidad de la modernidad de nuestro continente (en alguna medida, la tesis de J. Larraín 1997 sobre la existencia de trayectorias alternativas de la modernidad puede representar un ejemplo en la dirección que estamos señalando).
4.2. Medios e Integración
La contracara del planteamiento evolutivo que hemos venido discutiendo son los problemas crecientes de integración social que se les presentan a las sociedades modernas. A partir de la revisión realizada, podemos señalar lo que a nuestro juicio son los dos problemas de integración a nivel societal que se manifiestan con mayor nitidez:
(i) cómo y dónde se produce la solidaridad social y;
(ii) cómo regulan los subsistemas las dinámicas a través de las que se relacionan entre sí.
Entender el estudio de la integración de la sociedad en estos dos planos significa utilizar la tesis habermasiana respecto de la necesidad de distinguir niveles para su tratamiento. Por un lado encontramos una integración que se refiere a la producción de solidaridad social, por otro a una que enfatiza cómo se llevan a cabo los intercambios entre sistemas funcionales. Como vimos, para Habermas la distinción entre formas de coordinación de las acciones es el referente a partir del cual hará su revisión de la teoría sociológica, con miras a mostrar la centralidad que en la comprensión de los fenómenos sociales tiene la acción comunicativa. En ese sentido, la diferencia entre sistema y mundo de la vida puede ser entendida como una manifestación de la diferencia entre dinámicas de coordinación social.
El sistema administrativo - burocrático y la economía son concebidos como 'sistemas de acción racional con arreglo a fines', es decir, interacciones donde la coordinación de las acciones se vincula, a través de sus consecuencias, al logro de las metas deseadas. La motivación en que se fundan las interacciones en esos subsistemas es una motivación empírica, es decir, que no viene sustentada por una racionalidad comunicativa, donde lo que prima es el mejor argumento. Por el contrario, en el mundo de la vida, aquellos plexos de interacción que se reproducen mediante la socialización, la integración social y la reproducción cultural, el tipo de dinámica de coordinación de las acciones que se impone no viene garantizada por las consecuencias, sino por la disposición motivacional previa a dejarse llevar por una racionalidad comunicativa que resulta insuficiente para los sistemas. Ya hemos señalado que cuando la dinámica de coordinación de las acciones por consecuencias se instala en el mundo de la vida, éste se ve 'acosado' —colonizado es el término técnico— por una racionalidad que no le es propia.
A partir de la tipología parsoniana, la diferenciación entre tipos de medios que Habermas lleva a cabo utiliza como criterio sistemático de construcción la distinción entre ambas estrategias de coordinación de las acciones. Los medios dinero y poder son por tanto conceptualizados como medios de control, que mediante una creciente tecnificación pretenden sustituir al lenguaje en su función de coordinación, cosa imposible para medios como la influencia y los compromisos de valor, que no pueden desligarse nunca de él, en tanto el tipo de motivación que ejercen en último término descansa en la posibilidad de que en caso necesario los actores actuarán comunicativamente. Estos medios más que sustituir debieran ‘condensar’, ‘facilitar’ el entendimiento comunicativo, es decir, disminuyen las 'expensas en interpretación' que el lenguaje ordinario comprende, mas nunca pueden quedar completamente desligados de él.
Como se sabe, el intento de plantear una distinción como esta, tomando como principio constitutivo la forma en que se produce la coordinación de las acciones, ha acompañado ha Habermas durante varias décadas (ver, por ejemplo, el clásico planteamiento que se hace en Habermas 1989b:66 -71. Al respecto también la discusión de Aguilar 1994:caps 2, 4 y 6). En "Teoría de la Acción Comunicativa", el autor cree haber encontrado en la distinción entre 'sistema y mundo de la vida' base segura para fundamentar su carácter sistemático. No obstante, aceptar su utilidad no debe interpretarse como si la propuesta de Habermas no presentase problemas, incluso en el plano analítico. Nos interesa más bien su potencial interpretativo; en tanto las modificaciones que el autor ha hecho para resguardar la coherencia de la arquitectura de su teoría son para nuestros efectos sólo el marco de la discusión.
Como lo señala T. McCarthy, en "Teoría de la Acción Comunicativa" Habermas utiliza la idea de 'sistema político' como análoga a 'sistema administrativo - burocrático', concediendo con ello la posibilidad de concebir la actividad política como un asunto centrado en la resolución de problemas prácticos, alejada de cuestiones normativas y vinculantes (McCarthy 1992:173 - 185. Esa sería otra de las 'seducciones' que la teoría de sistemas provoca en Habermas, con importantes consecuencias en el plano normativo de su teoría). En un trabajo posterior, Habermas plantea explícitamente que no es posible concebir sin más al sistema político como sistema de acción racional con arreglo a fines. El autor parece recoger, aunque sin aludirlo, el planteamiento crítico de McCarthy, pues decide abrir en dos el sistema político. Por una parte estaría el ya mencionado 'sistema administrativo - burocrático' que rige sus operaciones ya no por el medio que representa el poder político sino por un 'poder administrativo', altamente tecnificado y regulado por procedimientos legales. Por otro lado, el sistema político propiamente tal estaría vinculado al cautelamiento de los derechos fundamentales, a través de su implementación como Estado de Derecho. El medio que rige las operaciones de este 'subsistema' es nuevo; nos enfrentamos ahora a un concepto de 'poder comunicativo', que por cierto se vincula directamente con el sustrato normativo que tiene el mundo de la vida, expresado como los derechos fundamentales.
"el sistema político articulado en términos de estado de derecho está internamente diferenciado en ámbitos de poder administrativo y ámbitos de poder comunicativo y permanece abierto al mundo de la vida. Pues la formación institucionalizada de la opinión y la voluntad depende de los suministros provenientes de los contextos informales de comunicación del espacio público ciudadano, de la red de asociaciones y de la esfera privada. Con otras palabras: el sistema político de acción está inserto en los contextos del mundo de la vida" (Habermas 1998:432, negrillas nuestras).
Nos parece que estamos en presencia de un nuevo desplazamiento de la distinción que con intención sistemática Habermas ha propuesto una y otra vez. Sistema y mundo de la vida, racionalidad de fines (acción racional con arreglo a fines) y racionalidad comunicativa (acción comunicativa), integración social (reproducción simbólica), integración sistémica (reproducción material) son parte del dualismo con que Habermas pretende explicar lo social.
Más allá de las consecuencias de este cambio, en lo que a nosotros nos convoca nos parece que el giro realizado modifica la forma mas no el fondo de la crítica a la concepción parsoniana de los medios. Ello pues se mantiene el intento por sostener un criterio sistemático con el cual mostrar que existen determinadas formas de interacción social que no pueden ser reguladas a través de medios de control. Tal vez si la principal consecuencia de este planteamiento es que intenta resguardar la importancia normativa de la acción y el poder comunicativo en las dinámicas de producción de solidaridad social y evitar con ello una perspectiva tecnocrática de la política.
No es este el lugar para discutir la pretensión sistemática que Habermas pretende para la distinción entre integración social e integración sistémica. Más allá de si ésta tiene carácter dicotómico o si es posible pensarla en forma más gradualista, nos parece que la pertinencia de distinguir dinámicas de coordinación social regidas por un interés técnico de control y un interés comunicativo resulta importante para los fines de mostrar la forma en que la teoría de los medios puede ayudar a entender la relación entre los problemas de integración y diferenciación. El principal aporte de Habermas es, en este contexto, la permanente defensa de la importancia de mantener analíticamente distintos ambas dinámicas de coordinación de las acciones. Presentar brevemente esta discusión permite contextualizar las relaciones entre los medios y el problema de la integración. Es una manifestación:
4.2.1. Las Dinámicas de Producción de Solidaridad Social. El Caso de la Influencia
En su sentido más amplio, Parsons entiende que los medios favorecen la coordinación de las acciones a partir de su propiedad de institucionalización y regulación a través de normas. Son esos anclajes los que permiten a los medios cumplir con las exigencias de integración derivadas de la diferenciación funcional. Ese sería un tipo de integración vía interpenetración sistémica. Al mismo tiempo, Parsons concibe que es necesario un subsistema especializado en otro tipo de integración: le asigna de modo especial la función de producción de solidaridades sociales a la comunidad societal. En un sistema social altamente diferenciado Parsons sostiene, al igual que Habermas respecto del mundo de la vida, la existencia de un ‘reducto’ especializado en esa función. En otras palabras, nos parece que Parsons está usando de hecho la distinción entre integración funcional y social, en la medida que en su marco conceptual las sociedades tienen ese doble problema de integración que resolver.
Si bien Habermas ha propuesto una 'teoría' del mundo de la vida que no se concentra sólo en el componente 'sociedad', incluyendo también a la cultura y la personalidad, el marco que ofrece la teoría de los medios para la reflexión sobre la producción de solidaridades sociales se concentra en el componente de las interacciones, en el debate generado a partir del concepto de influencia de Parsons y el lugar donde la sociedad se reproduce, la comunidad societal. La generalidad de la tríada utilizada por Habermas —paradójicamente propuesta originalmente por el propio Parsons— no nos permite destacar la centralidad que para nuestros efectos tiene el componente sociedad (a la vez que exigiría la utilización de herramientas conceptuales de teorías de la motivación, percepción y antropológicas, lo que escapa largamente a las posibilidades de esta investigación).
La diferenciación de la moderna comunidad societal de los otros subsistemas la especializa en la producción de solidaridades sociales, en plural, pues las formas en que se ha de motivar a los individuos a coordinarse y cooperar entre sí hace de esa tarea una cuestión muy improbable, que no puede anclarse exclusivamente en razones ni universalistas o utilitarias. Este problema se relaciona con los sistemas de interpenetración en que participa la comunidad societal, y muy fundamentalmente el sistema de interpenetración entre ésta y el sistema fiduciario, donde se legitiman las distintas visiones universalistas y particularistas de la producción de la solidaridad social.
Como destacamos en la discusión tanto sobre la comunidad societal como del medio influencia, nos parece que la principal originalidad del acercamiento parsoniano es el reconocimiento de la multidimensionalidad del principio de integración normativa que operaría en ambos casos, pues se cruzarían en ella formas de integración universalista, entendidas como solidaridad orgánica, pero al mismo tiempo patrones de una solidaridad mecánica, de corte más particularista. Entendida como una 'colectividad de colectividades', en la que participan una serie de grupos, actores y movimientos distintos, la moderna comunidad societal debe producir múltiples formas de solidaridad, en función de lealtades basadas en el consenso valórico que rige en el grupo de pertenencia.
En último término, recordemos que Parsons sostiene que los valores sociales más altos se justifican en términos religiosos, con lo que quedan expresadas las dimensiones pre-modernas que persisten en la solidaridad e identidad cualquier grupo humano. Al mismo tiempo, parte de la función de la moderna comunidad societal es institucionalizar tales valores de forma de hacerlos compatibles con las exigencias funcionales de los restantes subsistemas, por lo que debe intentar implementar ideas tales como un necesario pluralismo y tolerancia en la definición de membresía de la comunidad societal, o consensos relativos en lo que se refiere a las tareas de ámbitos o funciones específicas. En el marco de la discusión sistemática con el pensamiento de Durkheim, Parsons plantea que la tensión referida debe insertarse en el plano de las definiciones teóricas generales, en tanto es la única fórmula que podría dar consistencia a la integración social en una sociedad funcionalmente diferenciada:
"Voy a sugerir, por tanto, refinar la clasificación de Durkheim. Si la solidaridad orgánica y mecánica son términos correlativos, uno debiera referir al tipo de solidaridad que se centra en la legitimación de las instituciones políticas y el otro enfocarse en las instituciones económicas. En términos generales, podemos decir que si bien la situación varía sustancialmente según el tipo de estructura social, ambas existen simultáneamente en partes del sistema social, partes que pueden ser distinguidas sobre la base del análisis de esa estructura y que no hay ninguna tendencia general para que una reemplace a la otra" (Parsons 1967a:24, negrillas nuestras).
Por muy sorprendente que resulte la cita, su tesis es muy convergente con la discusión que al respecto ya realizamos. Recordemos el papel de la religión en la legitimación de los valores culturales; que la reputación que opera en al comunidad societal no es siempre convergente con una argumentación racional; que el modo de comunicación con que opera la influencia es la persuasión; que el prestigio personal resulta una variable clave para entender cómo se favorece la reproducción de la influencia; en definitiva que la membresía a la comunidad, entendida como pertenencia y adscripción a valores particulares, es un principio invocable en la producción de solidaridad social (nos parece que esta lectura permite relativizar la idea de Parsons como 'adalid' de una sociología ingenuamente modernizante). Ciertamente no pretendemos sugerir la idea de un Parsons 'irracionalista' —la discusión de su planteamiento evolutivo así lo demuestra— sino más bien enfatizar la potencia que adquiere un planteamiento que puede recoger las múltiples lógicas a través de las que se intenta producir solidaridad social en la moderna comunidad societal.
Discutiendo este tema, Cohen y Arato han criticado que el concepto de influencia tal y como ha sido desarrollado por Parsons puede ser interpretado a partir de tres énfasis muy distintos, donde se manifestarían las contradicciones generales en que se mueve el pensamiento del Parsons, sobre todo aquellas entre sus planteamientos teóricos y sus resonancias ideológicas. En primer lugar, habría una interpretación tecnocrática del concepto de influencia, donde a partir de la perspectiva teórico sistémica, prima una visión de este medio como análogo al dinero y al poder. En segundo término es posible una interpretación neoconservadora, donde se exacerban los componentes irracionalistas y particularistas de la influencia, su dimensión manipulativa o conspirativa de las interacciones sociales. Finalmente, una interpretación democrática, donde el tipo de persuasión que ejercería la influencia, en una comunidad societal 'óptimamente diferenciada', permitiría en último término, por medio de la discusión pública, el aumento de la participación social en las decisiones colectivas. De estas interpretaciones, la primera —siguiendo la crítica que hace Habermas— sería producto de la inconsistente integración que Parsons hace entre teoría de la acción y teoría de sistemas; las otras dos manifestaciones de las tensiones ideológicas de su pensamiento.
"desafortunadamente, en tanto su teoría de la influencia presenta indeterminaciones, es difícil concebir posibles soluciones al problema de la integración social a partir de ella. La asimilación de la influencia al dinero y el poder lleva, por ejemplo, a una solución tecnocrática basada en la planificación y manipulación de sus fuentes y condiciones de aplicación, probablemente a través de los medios de comunicación de masas. Además, una interpretación de la influencia basada en el prestigio y el respeto, vinculada a una solidaridad tradicional, conduce a una opción neoconservadora que espera restaurar un fundamento autoritario y posiblemente religioso para las normas, que evite el cuestionamiento y la crítica. Finalmente, entender la influencia como una argumentación racional, en tanto 'medios intrínsecos de persuasión', lleva a una alternativa democrática que tiene poca plausibilidad a menos que la democratización continúe como un proceso abierto y sin término, conducido, en parte, por movimientos sociales, posibilidad que Parsons rechaza explícitamente" (Cohen y Arato 1992:138).
Es cierto, como bien agregan los autores, que no puede pensarse que el propio Parsons haya preferido mantener en la indeterminación la especificidad de su concepto de influencia. Hemos señalado también que tales contradicciones pueden atribuirse —sin que ello reste valor ni utilidad a la teoría— al carácter inicial de las reflexiones parsonianas en la teoría de los medios, lo que a nosotros nos permite entenderla como programa de investigación. Sin intentar resolver ese asunto, podemos utilizarlo desde la perspectiva de la multidimensionalidad que ofrece a las reflexiones sobre la integración de la sociedad en el plano de la producción de solidaridad social. Nos parece que la tesis de Parsons respecto de la convivencia simultánea de formas de solidaridad orgánica y mecánica en la moderna comunidad societal, podría permitir explicar la aparente contradicción entre las versiones neoconservadoras y democráticas de su concepto de influencia.
En otro plano, si se entiende la comunidad societal como sociedad civil —cuestión avalada por el propio Parsons— las dinámicas de coordinación entre ésta y el sistema político tienen un interés especial en cuanto a las posibilidades de influir en el proceso de toma de decisiones. El complejo proceso de producción de solidaridad social requiere una relación de los medios poder e influencia; es necesario que el tipo de confianza, como solidaridad, que la influencia genera tenga posibilidades de implementación al nivel del sistema político. En el supuesto que estas relaciones no entorpecen las operaciones de los subsistemas involucrados, la influencia no puede convertirse 'directamente' en poder político sin pagar por ello costos en su capacidad de integración; se burocratiza y pierde su capacidad para que el público se sienta integrado a la comunidad . Al mismo tiempo, el poder político no se transforma en influencia sin que la sociedad pague un alto costo en relación a la efectividad de las medidas que se aplican. Con miras a ampliar el radio de acción en el que la sociedad civil puede participar de la definición y decisión de los asuntos que le incumbe, Habermas ha planteado cómo pueden manifestarse relaciones entre ambos medios, con miras siempre a fortalecer los espacios de discusión libre y racional:
"la influencia se nutre del recurso que es el entendimiento, pero se basa en una especie de anticipo, es decir, en la confianza que se pone en posibilidades de convicción actualmente no comprobadas (...) el influjo político que los actores cobran a través de la comunicación pública ha de apoyarse en última instancia en la resonancia y, por cierto, en el asentimiento, de un público de legos igualitariamente compuesto. El público de los ciudadanos ha de ser convencido por contribuciones e intervenciones inteligibles que tengan interés para todos a propósito de temas que se perciban como relevantes. El público posee esta autoridad porque es constitutiva de la estructura interna del espacio de la opinión pública, en que los actores pueden presentarse (…) las opiniones públicas que no pueden ser lanzadas sino gracias a un empleo no declarado del dinero o de poder organizativo, pierden su credibilidad en cuanto hacen pública estas fuentes de poder social" (Habermas 1998:443-4).
Más allá de las reservas planteadas en su discusión sobre medios de control y medios de comunicación, la cita muestra que aun para el propio Habermas una teoría de los medios no resulta absolutamente ajena a la investigación de las dinámicas de producción de solidaridad social. Más bien aparece aquí la importancia de la persuasión como modo de comunicación con que opera la influencia, medio a través del cual se reproduciría la 'opinión pública', espacio que a su juicio debe entenderse como abocado a la discusión libre, abierta e informada. Al mismo tiempo, reaparece la importancia de la función de 'traducción' del lenguaje ordinario, en lo que se refiere a la posibilidad de determinar un centro de la sociedad.
El objetivo de este apartado era mostrar en qué sentido la discusión actual respecto de la integración social, entendida como producción de solidaridad social, puede servirse de los planteamientos de una teoría de los medios y, en el caso específico de la teorización parsoniana de la influencia, destacar el aporte que significa considerar las tensiones entre los distintos principios valóricos que estarían participando en ese proceso.
Muy interesante resulta en ese sentido la 'sugerencia' de Parsons respecto a la simultaneidad de distintas formas de solidaridad social que coexisten en las sociedades modernas. La teorización de los factores 'tradicionalistas' que participan del tipo de coordinación social que produce la influencia no los constituye en factores desechables en razón de su carácter pre-moderno, sino por el contrario se entregan argumentos respecto del su importancia que hacen repensar algunas categorías que se asumen demasiado acríticamente. En nuestro continente, donde preguntas relativas a la identidad cultural latinoamericana, a la especificidad de nuestra trayectoria de modernidad, a la participación de la religiosidad popular en nuestras formas de vida y otras similares son aun un puzzle sin resolver, un acercamiento de este tipo puede resultar sugerente. Usando la terminología que ha adoptado este debate en nuestro país, podría permitir el planteamiento de hipótesis novedosas, y con orientación histórica, que escapen a dicotomías algo maniqueas del tipo esencialismo - iluminsimo; conservadurismo y progresismo. Hemos mencionado ya que hipótesis como la de una 'trayectoria latinoamericana de la modernidad', pueden contribuir al estudio de este y otros fenómenos.
Los valores universales que la modernidad encarna no serían, en ese marco, a-priori incompatibles con el sustrato cultural en el que se insertan y por tanto amenazantes de nuestra identidad. Al mismo tiempo, la ubicuidad y persistencia de estos valores particularistas no deben concebirse como resabios indeseables de un pasado entendido como un lastre que nos impide ser realmente modernos. La discusión sobre la influencia y especialmente sobre la producción de solidaridad social, puede permitir ampliar el horizonte en el cual entender la discusión sobre las determinantes culturales de la identidad latinoamericana.
4.2.2. La Interpenetración entre Sistemas Funcionales
La segunda perspectiva que compone el problema de la integración en las sociedades modernas es aquella que refiere a las relaciones entre los subsistemas funcionales altamente autonomizados y especializados. Desde los distintos marcos de referencia que informan las teorías de la sociedad revisadas, este tema aparece con distintos nombres pero poniendo su énfasis en los déficits de integración que trae consigo la diferenciación. De modo esquemático, podemos resumir cómo conceptualizan los autores los principales problema de integración entre subsistemas:
Si bien es cierto que cada uno de los planteamientos apunta hacia una dirección específica, es interesante constatar el énfasis común respecto a que en este caso el problema de la integración debe entenderse como el desarrollo de dinámicas societales de coordinación social. Nos parece que destacar este elemento se vincula con la necesidad, bien documentada por Habermas y Luhmann, de abandonar la problemática concepción parsoniana de dobles intercambios y, muy fundamentalmente, la idea de reciprocidad entre tales intercambios. Las propiedades de generalización y simbolización de los medios enfatizan la dimensión comunicativa de los procesos en que están envueltos, a la vez que su alto poder selectivo resulta un argumento convincente con miras pensar las relaciones entre medios como más contingentes.
El concepto de interpenetración resulta una estrategia conceptual muy interesante con miras a comprender cómo se producen las relaciones intersistémicas. Como se recordará, son principalmente dos los conceptos de interpenetración que hay en juego, uno desarrollado por Parsons y sus seguidores —en especial R. Münch— y otro por Luhmann. No obstante, haciendo abstracción de los tecnicismos de las distintas estrategias teóricas, nos parece que ambos conceptos son bastante similares. La interpenetración se concibe como una dinámica de coordinación social que es producto de las exigencias del proceso de diferenciación. La especialización funcional hace a los subsistemas 'insensibles' a las dificultades de las operaciones de otros subsistemas, lo que les permite ganar en autonomía. Crece, al mismo tiempo, su interdependencia en tanto esa misma especialización supone que las prestaciones intersistémicas serán, cada vez que se requiera, adecuadas y exitosas. La diferenciación social tiene por tanto una doble cara, por un lado mayor autonomía e independencia para cada subsistema individual, mientras que por otra interdependencia para las operaciones del sistema en su conjunto.
Un concepto de interpenetración presupone una teoría de los medios simbólicamente generalizados, en tanto es a partir de ella en que se hace visible la doble dinámica que la interpenetración permite destacar. Recuérdese, por ejemplo, como la propiedad de 'circulabilidad' enfatizaba fundamentalmente la importancia de estos medios para el establecimiento de relaciones intersistémicas, al mismo tiempo que ello no significa pérdida de autonomía. En ese sentido, tal vez la hipótesis más interesante al respecto es aquella referida a que la interpenetración resulta el principal catalizador del proceso de diferenciación funcional. El surgimiento de nuevos subsistemas sería el resultado de la necesaria interpenetración entre los ya existentes, que progresivamente irían institucionalizándose hasta lograr plena autonomía. La hipótesis de la diferenciación vía interpenetración tiene la particularidad que podría permitir captar en un solo movimiento, con la ayuda de la teoría de los medios, las fuerzas centrífugas de la diferenciación y las dinámicas centrípetas de la integración, manteniendo la lógica propia de cada proceso. No obstante, nos parece que su plausibilidad pasa por la examinación de algunos puntos críticos que al podemos al menos enunciar.
En primer término, hay que considerar que fuera del paradigma parsoniano, esta hipótesis debe resolver la interrogante respecto de cuáles son los primeros subsistemas en diferenciarse, cuáles entran en relaciones entre sí y en qué dirección avanza la diferenciación vía interpenetración. En la tesis de Luhmann de entender los medios como antecedentes y catalizadores de la diferenciación funcional, una clarificación de este tipo vendría de la mano de los resultados de investigaciones empíricas respecto de procesos históricos.
En segundo lugar, es necesario considerar que la plausibilidad analítica del planteamiento de una diferenciación vía interpenetración no debe confundirse con las formas empíricas que adoptan las relaciones entre los subsistemas. Especialmente problemáticas en este contexto nos parecen, como ya hemos señalado, las ideas parsonianas de reciprocidad y dobles intercambios. Una 'teoría' de la interpenetración no debe dar la imagen de un 'mercado autorregulado' donde se presupone que las relaciones intersistémicas tienden naturalmente hacia un justo equilibrio, igualmente satisfactorio para todos y que se lograría automáticamente. Las dinámicas de inflación y deflación de los medios, como indicadores de la confianza que se tiene en la calidad de las operaciones del subsistema, deben ser consideradas. Más bien, una teoría de los medios podría participar en la determinación de las distintas formas en las que diferenciación e interpenetración sistémica se manifiestan.
Para mostrar el uso investigativo que puede darse a discusiones como la que hemos llevado a cabo, podemos citar las principales conclusiones de un reciente y muy comentado estudio sobre las consecuencias que el actual modelo de desarrollo tiene en la sociabilidad de los chilenos. Ahí se plantea que se han producido asintonías entre las dinámicas de 'sistemas funcionales' muy eficientes y autónomos, pero cuyas operaciones no están en 'condiciones de complementariedad con la subjetividad de las personas, familias y comunidades' por lo que producen una fuerte inseguridad. Al mismo tiempo, el análisis cualitativo de las entrevistas del estudio muestra que, cada vez más, los chilenos expresan temor 'al otro, a la exclusión social y al sin sentido' (PNUD 1998:21 – 27). Así, se sugiere que la paradoja de nuestro actual desarrollo reside en que un "notable avance de la modernización en todos los ámbitos de la sociedad chilena coexiste con no menos notorias expresiones de malestar" (PNUD 1998: 53. También las citas con que se inicia este capítulo). En Chile se constatarían, en síntesis, problemas en el plano de la producción de solidaridad social, en lo que se refiere a nuestra autoimágen y nuestras relaciones sociales, en tanto la integración como interpenetración entre sistemas funcionales estaría actuando eficientemente.
Ganaría preeminencia el diagnóstico de las consecuencias problemáticas que tiene un acelerado proceso de diferenciación social, en tanto: "el desarrollo social ya no se rige por una racionalidad única sino por una constelación de distintas racionalidades" (Calderón y Lechner 1998:18). En relación a la discusión que venimos planteando, lo que en esos estudio parece constatarse es que en un plano teórico, la pregunta por la relación entre dinámicas de diferenciación creciente y las necesidades de integración social permanecen, cuando no se acrecientan. En ese mismo sentido, parece necesario desarrollar estrategias que permitan conocer las dinámicas a través de las cuáles los distintos sistemas funcionales se relacionan tanto entre sí, como con los valores y percepciones colectivas que producen solidaridad social. La teoría de los medios puede entenderse como un programa progresivo de investigación para llevar a cabo la teorización de las dinámicas de coordinación social a través de la que tales relaciones se producen (o debieran producirse).
La sociología no puede, sin renunciar a la pretensión de conocimiento que le da vida, desprenderse sin más de las categorías que dan sentido a su quehacer. No obstante, tan peligroso como ello es intentar mantener marcos conceptuales o referentes empíricos que ya no parecen responder a los desafíos y dinámicas de los tiempos que corren. El vínculo propuesto entre medios y sociedad intenta mostrar un camino por el cual transitar en el intento permanente de repensar lo social. Esperamos, por tanto, haber conseguido seducir respecto de los aportes que la teoría de los medios puede hacer a la constitución de un concepto de sociedad. Como se desprende de la revisión realizada de los autores, las dimensiones que hemos destacado cubren sólo una parte de los potenciales rendimientos que pueden derivarse de propuestas teóricas tan complejas y comprensivas como las estudiadas. Conscientes de las limitaciones de nuestra opción, hemos seleccionado aquellos ámbitos en que se nos aparece con mayor nitidez el interés que tendría seguir profundizando en las potencialidades de la teoría de los medios como programa progresivo de investigación.