En 1944 Fray Emesto publicó ; una obrita de orientación etimológica, Voz de Arauco (), en la cual presenta en formato de glosario
. . . unas 2 ½ ; mil interpretaciones de nombres geográficos, de ríos, lagos, montañas, de flora y fauna, chilenismos, apellidos araucanos, etc., todo lo que puede interesar al amante de su país y al turista (Moesbach 7)
y colaboró con Walterio Meyer Rusca en otras publicaciones de la misma índole, tales como Los huilliches a través de sus apellidos. Estudio etimológico de los patronimicos aborigenes sureños (Moesbach ), Diccionario geográfico-etimológico indigena de las Provincias de Valdivia, Osorno y Llanquihue (Meyer Rusca ) y Voces indígenas del lenguaje popular sureño. 550 chilenismos (Meyer Rusca 1952).
La metodología etimológica de Fray Ernesto es muy simple: para cada mapuchismo nombres geográficos, de persona, voces de flora y fauna, palabras no incorporadas al castellano, pero correspondientes a objetos culturales mapuches prominentes, y voces del léxico común- se busca el étimo mapuche correspondiente, sobre la base de criterios no explícitos de aceptabilidad fonética y semántica; de modo que la plausibilidad es el único parámetro que se puede aplicar para la evaluación de los resultados. En algunos casos hay una sola interpretación etimológica, muy plausible; en otros hay más de una interpretación posible, sin que haya modo de decidir objetivamente entre ellas; en otros, la relación fonética o la relación semántica, o ambas a la vez, son tan rebuscadas que cuesta aceptar la etimología propuesta, aún cuando no haya a la vista una mejor. A mi juicio, las etimologías del P. Ernesto no están del todo libres de las mismas críticas que, años antes, en 1936, hiciera su co-hermano, el P Sebastián Englert de Dillingen ( 72-74) a las etimologías de Fray P. Armengol Valenzuela (1918-1919), señalando las graves dificultades que se presentan en la interpretación etimológica de los nombres propios de origen indoamericano, la que considera como
el campo de más difícil investigación que exige, como ningún otro, la más profunda familiarización con el idioma. Es en la explicación de los nombres propios donde uno se expone más fácilmente a errores. Hay un grupo de nombres cuya significación está a la vista, pero hay muchos otros que son difíciles o imposibles de explicar (Englert 73)
palabras que yo pondría como advertencia a todos los glosarios etimológicos modernos de onomástica de origen mapuche publicados últimamente, de los cuales me parece que nada sustantivo entregan como aporte original al conocimiento de la lengua mapuche actual o pasada; su contribución real está en " interesar al amante de su país y al turista" (Moesbach 7) y no tanto en presentar conocimiento nuevo al que no se haya llegado ya por otras vías metodológicas más seguras y directas. Además, si bien son más prolijos que las obras del P. Ernesto y de Meyer Rusca, no revelan perfeccionamiento relevante en la metodología. El artículo del P. Sebastián Englert recién citado merece un comentario general aparte. Como quedó dicho más arriba, el trabajo se inicia con una presentación general resumida de los estudios de la lengua mapuche desde los misioneros jesuitas hasta Fray Félix José de Augusta, Fray Ernesto Wilhelm de Moesbach y Rodolfo Lenz (Englert 62-72). A continuación viene breve información bibliográfica sobre otras lenguas indoamericanas chilenas (cunza, rapanui, chono, ona o shelknam, yámana o yaghan y alakaluf), de muy poca utilidad para el investigador de hoy. Prosigue con la ya citada crítica al Glosario etimológico de Fray P. Armengol Valenzuela (1918-1919). En el apartado siguiente, El problema lingüístico araucano ( 75-83), el P. Englert discute la "formación histórica del idioma, sus relaciones de parentesco con otros y su origen" (p 75). La única opinión que el P. Englert consideró digna de atención seria fue la de Rodolfo Lenz, expresada así
Lo que sí parece fuera de duda es que el araucano no tiene ninguna relación directa de parentesco ni con los quechuas i aimaráes, ni con los guaraníes, lules i abipones, ni con los huarpes, tehuelches, ni con las tribus fueguinas, es decir con ninguno de sus vecinos. Se distingue de todos ellos tanto por las raíces de las palabras, como por toda la construcción gramatical... ( Lenz XXII)
posición rebatida por el P. Englert, quien no descartaba posibles relaciones genéticas entre el araucano y el guaraní o entre el araucano y el lule. En contra de la opinión prevaleciente entre los antropólogos de la época, sostuvo con cautela que hay
...más numerosos vestigios de contacto -o posiblemente parentesco- con el lule que con el guaraní (Englert 81).
En lo que respecta al parentesco del araucano con el quechua y el aymara, el P. Englert también disentía de Lenz
. . .no se podrá negar tan absolutamente el parentesco con el aymará y quichua [ya que] a los tres idiomas son comunes las llamadas transiciones del verbo. Esto hace probable un parentesco, aunque lejano, semejante al que existe entre los diversos grupos de los idiomas indo-europeos (80).
Hasta donde yo sé, el sistema de marcadores de persona en el verbo mapuche, las "transiciones" en la terminología tradicional, es completamente diferente al de las lenguas andinas centrales. Sin embargo, sobre argumentos completamente diferentes, Mary R. Key considera la posibilidad de existencia de parentesco distante entre el mapuche, el quechua y el aymara, dentro de un marco más amplio de relaciones en el que está incluida la mayor parte de las lenguas enumeradas por Lenz en su rotunda formulación aislacionista. Así, para Key ( 1978c, ) el mapuche está directamente emparentado hacia el norte con las lenguas tacano-panoanas (parentesco sugerido también por Loos ), el mosetene y el yuracaré, y hacia el sur con las lenguas fueguinas: alacalufe (o kawésqar), yagán (o yámana) y todo el grupo chon (teushen, tehuelche, selk'nam y haush). La relación con el quechua y el aymara es algo más distante. Por el norte del continente las relaciones más remotas llegan hasta las lenguas uto-aztecas de América del Norte y las lenguas aztecas de México. Ultimamente Lila Wistrand-Robinson () ha estudiado las vinculaciones entre las lenguas uto-aztecas y el panoano, con el cual -como quedó dicho- el mapuche ha sido vinculado por Loos y Key. Con la presentación de Wistrand-Robinson, el cuadro de relaciones genéticas distantes entre las lenguas uto-aztecas por el norte y las lenguas fueguinas por el sur, trazado por Key, empieza a configurarse como un continuo demostrable. Otras vinculaciones genéticas distantes han sido señaladas por los comparatistas modernos: con el maya ( Stark ), con el maya y el uro-chipaya ( Hamp ) y con las lenguas arawak ( Payne ). El capítulo 3. Las peculiaridades de la lengua araucana (Englert 83-94) con observaciones sobre la "fonética, psicología, morfología y sintaxis del araucano" (p.83), notoriamente influenciado por el P. Félix de Augusta, no contiene información útil para los estudios modernos de araucanística, los que para casi todos los puntos tratados por el P. Englert tienen respuestas de mejor calidad, más consistentes, realistas, elegantes y respaldadas por buenos modelos teóricos. La presentación general de la literatura oral y la pequeña muestra de textos (95-109) están tomadas directamente de los trabajos de Fray Félix de Augusta () y Ernesto Wilhelm de Moesbach ().
Este artículo del P. Sebastián Englert con todas las limitaciones de los años treinta, fue seguido literalmente por el P. Albert Noggler en el capítulo dedicado a la lengua araucana de su libro sobre la misionalización católica de la Araucanía chilena (74-90). La presentación del P. Noggler está hoy completamente superada y su consulta es inoficiosa, tanto para efectos de divulgación, como para la discusión especializada profesional.