Mapuche

Hoy no tendría sentido insistir sobre esta afirmación si no fuese porque Croese 1980:24 y Fernández Garay 1991: 104, la citan dándola por garantizada. En realidad, el que la fonética del picunche de Lenz coincida con las observaciones de Febrés y Havestadt sólo significa que el dialecto que los misioneros conocían era precisamente el mismo que Lenz llamó picunche; la lengua de la Araucanía central estuvo siempre fuera del alcance de los misioneros. Sostener que las fricativas sordas de los dialectos centrales y sureños son producto de un ensordecimiento moderno, no tiene brillante fundamento. Más bien hay alguna evidencia en contrario: en la misma época en que los misioneros describían fricativas sonoras en el norte, en la Araucanía central éstas serían presumiblemente sordas. El argumento de la pronunciación retrofleja de r es misterioso, ya que todos los dialectos la tienen, de modo que no se ve a primera ojeada en qué sentido su presencia en picunche es una señal de conservación del fonetismo primitivo; no hay ninguna evidencia que permita suponer que la r retrofleja es moderna en los demás dialectos.

En la Introducción a los Estudios Araucanos ( 1896) Rodolfo Lenz trazó el diseño de una gramática completa de la lengua mapuche que tenía programado preparar

 

Una fonética detallada formará la primera parte de la gramática, seguirán estudios fonolójicos sobre el desarrollo de algunos sonidos i los cambios relacionados con la morfolojía. En seguida tendré que esponer las partes de la oracion, las flexiones i la composicion de las palabras, especialmente la derivacion de verbos secundarios. La sintáxis debería ser un análisis lójico del pensamiento de los indios. La estilística nos mostrará los medios retóricos del idioma i un capítulo especial tratará del estilo de la ceremonia y de la poesía. Al fin tendré que arreglar todo el material conocido del idioma en un diccionario etimolójico... En cada capítulo de la gramática principiaré por un estudio crítico de la materia correspondiente segun las indicaciones de los gramáticos antiguos ( 1896:X-XI),

Claramente, ni la muestra contenida en los Estudios Araucanos, ni la experiencia directa de Lenz con la lengua mapuche, ni su metodología de análisis lingüístico, eran suficientes para llevar a cabo exitosamente un programa así. De hecho, Lenz no escribió la monumental gramática que tenía proyectada, pero sí sistematizó ocasionalmente sus observaciones en algunos escritos, tales como

  1. un bosquejo fonético y gramatical de la lengua preparado en 1894 e incluido en la Introducción a los Estudios Araucanos ( 1896:XXI-XXXI);

  2. una presentación resumida del fonetismo mapuche antiguo y contemporáneo aparecida en Para el conocimiento del español de América ( 1940:234-244) y contrastado con la fonética del castellano chileno (1940:249-258);

  3. una presentación del tratamiento fonético de los hispanismos léxicos en araucano (1940:244-249);

  4. unos treinta pasajes cortos esparcidos en las páginas de La Oración y sus Partes ( 1944), incorporados como ejemplo o argumento en la discusión de problemas de análisis lingüístico general.

Para un araucanista de hoy la consulta a estas presentaciones es en la práctica innecesaria: todo lo que se puede obtener de ellas, tras un enorme trabajo de crítica, evaluación y re-interpretación, es comprobación y fechación para fines del siglo XIX de las observaciones directas actuales. No encuentro en Lenz ninguna información a la que no se pueda llegar mejor o más fácilmente sin su dirección. Incluso para la función puramente documental es preferible la consulta directa a las obras de los misioneros, más interesantes por más antiguas, accesibles sin dificultad mayor a cualquier persona que parta de un buen conocimiento intelectualizado de la lengua actual y habituada al enfoque de las gramáticas tradicionales.

En mi apreciación quedan muchas dudas acerca de las posibilidades reales de Lenz de haber podido escribir una gramática del mapuche de contribución sustantiva, perdurable en el tiempo, comparable a la Gramática Araucana de Félix de Augusta.

En estas condiciones no puedo simpatizar con el sentimiento de Mario Bernales, expresado así

 

Lamentablemente, Lenz quedó en deuda con nosotros y nosotros con él, porque no alcanzó a escribir esta obra [la gramática araucana diseñada en 1894] y después de cincuenta años de su muerte todavía no se ha editado una gramática en los términos que él la concibió ( 1988:15).

En realidad, el desarrollo actual de la lingüística descriptiva y de los métodos de trabajo de campo, permiten a los profesionales de hoy llevar a cabo razonablemente su trabajo sin tener que lamentar tan sentidamente la falta de la gramática mapuche prometida por Lenz. Por otra parte, creo que ningún lingüista estaría dispuesto hoy a preparar una gramática mapuche "en los términos que él [Lenz] la concibió". Hoy se prefiere utilizar marcos de referencia fonéticos mucho más refinados y elaborados que el de Lenz. En el fonetismo ahora se describen tipos fonéticos de ocurrencia consistente y se excluyen discriminaciones fonéticas casuales u ocasionales. Hoy se evalúan fonémicamente los tipos fonéticos articulaloriamente descritos. Se distingue cuidadosamente entre sincronía y diacronía. En gramática se analiza la estructura interna de las unidades significativas y se establece su distribución externa. Se distinguen niveles en la jerarquía gramatical. Si la tipología de la lengua lo aconseja, se trabaja separadamente la morfología de la sintaxis, dejando lugar para una interfase entre ellas. Se separa lo que es significado léxico de lo que es función gramatical en un nivel de estructuración dado. Por sobre todo, se prepara la descripción en términos del sistema lingüístico en sí y no desde la perspectiva de la lógica o la psicología. Contra lo que dice Bernales, la profesión "no está en deuda" con Lenz por no haber producido una gramática mapuche "en los términos en que él [Lenz] la concibió".

Aún cuando el valor actual de las observaciones fonéticas y gramaticales de Lenz es cuestionable, los textos recogidos en los Estudios Araucanos constituyen un extenso documento del mapuche hablado en la época de la Pacificación de la Araucanía, en el momento mismo de la sedentarización de la sociedad mapuche en reducciones y de su incorporación como minoría lingüística a la nación chilena. Las grandes consecuencias de este proceso para la situación sociolingüística de la etnia mapuche, permiten que este momento pueda ser considerado con realismo como el inicio de la era contemporánea de la historia de la lengua mapuche. En otras palabras, la documentación dejada por Lenz en sus textos permitiría en principio, conocer el mapuche tal como era antes de ser afectado por su nuevo entorno social.

Objetivamente hay que reconocer que la referencia a Estudios Araucanos plantea grandes dificultades operacionales: la transcripción fonética fina, expresada en una simbología idiosincrática muy engorrosa, referida a un marco fonético incipiente, obliga a un laborioso proceso de re-interpretación para separar discriminaciones fonéticas de valor fonémico de otras contextualmente determinadas, de otras que aún siendo consistentes, son irrelevantes, de otras que son sólo efecto de la pronunciación ultra-lenta y muy deliberada del dictado, y de otras de dudoso realismo y/o meramente accidentales y ocasionales. De hecho, el único trabajo moderno valioso que conozco, basado en los textos de Lenz, es interpretación fonémica del pehuenche preparada por Jorge A. Suárez ( 1959). Es mucho más expedita la consulta a los textos de los capuchinos, especialmente Augusta 1910 y Moesbach 1930, ya que ellos, con su dominio práctico de la lengua, intuitivamente tendían a dar representación gráfica únicamente a las unidades fonéticas que consistentemente manifestaban la función contrastiva. Además, a diferencia de los Estudios Araucanos, los textos de los capuchinos tienen su propio marco de referencia gramatical explícito en la Gramática Araucana de Fray Félix, lo que hace cómoda y segura la interpretación morfosintáctica. A lo que he podido observar la tendencia actual entre los araucanistas es a utilizar sus propios textos, y en caso de necesidad, recurrir a las colecciones de los capuchinos. La referencia a los textos de Estudios Araucanos parece ser la última opción.

Gracias al perfeccionamiento actual en técnicas y procedimientos de recolección y análisis de textos y al mejoramiento general en la calidad del conocimiento fonológico y gramatical, las colecciones modernas de textos orales son mucho más refinadas y eficientes que las de Rodolfo Lenz, Félix de Augusta y Ernesto de Moesbach; pero los altos niveles actuales de exigencia, hacen difícil -cuando no del todo imposible- la preparación de colecciones tan extensas como Estudios Araucanos, Lecturas Araucanas o las Memorias de Pascual Coña.

Entre las ediciones profesionales modernas de textos mapuches, destacan por su solvencia académica:

  1. Golbert 1975, un cuento tradicional de los pehuenches argentinos, en la presentación más elaborada que conozco;

  2. Fernández Garay y Golluscio 1978, cinco rogativas de los pehuenches argentinos, muy bien presentadas; no conozco los textos de rogativas que vienen en Fernández Garay 1982;

  3. Fernández Garay 1988, un cuento en el dialecto llamado ranquel (de rangküll 'arrizo'), el más septentrional de los dialectos mapuches de Argentina, enclavado aproximadamente a la latitud de la ciudad chilena de Chillán (Provincia de &Nntilde;uble, VIII Región);

  4. Sánchez 1989, cuatro cuentos tradicionales y dos perimontun (un tipo de textos descrito en las pp.300-302) del pehuenche chileno del Alto Bío-Bío.

He contribuido con dos cuentos tradicionales, un relato legendario y tres adivinanzas en mi libro de 1984a; con una micro-antología de 18 adivinanzas ( 1984b) y con la presentación de divulgación de una pequeña antología de 14 cuentos tradicionales incluida en mi libro El mapuche o araucano de Chile. Fonología, gramática y antología de cuentos ( 1992).

Hoy se considera que la edición de un texto de valor académico, debe suplir ciertos requisitos mínimos, tales como venir en transcripción fonémica o en algún sistema ortográfico de base fonémica, con indicación de los componentes suprasegmentales, tales como junturas, énclisis, pausas, inflexiones terminales, etc. Mejor todavía si además los textos vienen morfemizados, o sea, si las palabras están representadas con sus componentes internos identificados en su forma anterior a la aplicación de las reglas morfofonémicas. Esto último es lo que hace que los textos de Perla Golbert, Ana V. Fernández Garay y Lucía Golluscio, ilustren la estructura morfológica de la lengua en forma mucho más eficiente y cómoda que los textos de Gilberto Sánchez, completamente opacos al análisis gramatical. Buenos textos deben incluir dos traducciones, una literal y otra idiomática, o una sola que sea un compromiso entre ambas. Las traducciones han de estar basadas en el análisis gramatical del original, cuya estructura deberán reflejar. De ninguna manera es suficiente la traducción espontánea ofrecida por el informante. Los textos de cierta longitud deben venir organizados en párrafos, determinados por rasgos formales y unidades de contenido. Deseablemente los textos deberían estar complementados con información etnográfica que ayude a su comprensión intracultural. Un muy buen modelo que podría servir para los araucanistas es el texto alacalufe (kawésqar), presentado por Oscar Aguilera y María E. Brito ( 1980-1981).

Las observaciones de Lenz sobre la acomodación de los préstamos del español a la fonología del mapuche (Lenz 1940:244-249), fueron retomadas por Wilhelm Giese ( 1949), Rodolfo Oroz ( 1949), Ambrosio Rabanales ( 1953) y Gastón Sepúlveda ( 1976), este último con el respaldo del análisis fonémico de Max S. Echeverría ( 1964).

Ya a sus primeros contactos con el mapuche, Lenz dio sin más por probada su presunción inicial de la influencia decisiva del sustrato araucano en la formación del fonetismo del castellano chileno y así lo presentó en diversos escritos (V. por ejemplo, 1896:III, y en particular 1940:90, 106, 150, 155-156, 229, 230-256). La posición de Lenz conocida entre los hispanistas como la "teoría indigenista" fue exitosamente rebatida por Amado Alonso ( 1953) sobre la base de argumentos histórico-culturales, demográficos y dialectológicos. Hoy no tendría sentido volver sobre este tema de no haber mediado la desafortunada intervención de Magnús Péturson ( 1989: 10- 11) quien llegó a insinuar más que desembozadamente que la llamada teoría indigenista de Rodolfo Lenz es un artefacto de la presentación de Alonso, quien habría exagerado

 

. . .el pensamiento de Rodolfo Lenz que en sus publicaciones sólo se halla esbozado. . . la llamada teoría indigenista es por lo menos en grado igual un producto del mismo Amado Alonso quien interpreta a su modo observaciones de Rodolfo Lenz ( 1989: 10)

pero frente a tan sorprendente opinión está el hecho objetivo de que Lenz efectivamente escribió una y otra vez afirmaciones como

 

Con esto creo haber demostrado que el desarrollo fonético peculiar del dialecto chileno se halla sometido, en casi todos sus rasgos principales a la influencia del araucano ( 1940:225)

precisamente como conclusión última de sus observaciones sobre el fonetismo chileno. Lenz no insinuó la influencia del araucano sobre la pronunciación del castellano chileno, como lo cree Péturson, sino la sostuvo con toda convicción.


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