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Siempre dentro de la línea de la influencia decisiva del sustrato indoamericano, Rodolfo Lenz escribió un gran diccionario etimológico de las voces de origen vernáculo americano que detectó en el castellano chileno (Lenz ), aparecido últimamente en edición crítica de Mario Ferreccio, cuya "Presentación" debe ser cuidadosamente estudiada para el conocimiento de la gestación, secuencia general, orientación e importancia de la obra (1905-1910:7-24). A mi juicio, en el Diccionario Etimológico de Lenz el componente mapuche aparece sobredimensionado o distorsionado. Aparentemente, para considerar que una palabra es de origen mapuche a Lenz le basta encontrar un étimo fonética y semánticamente aceptable en las listas léxicas de los antiguos misioneros, tenga o no reflejo en mapuche moderno; o no encontrar un étimo plausible en el quechua cuzqueño descrito por Middendorf () es suficiente para registrar una voz dada como "seguramente mapuche". Así, por ejemplo, para el castellano laucha está documentado el mapuche llaucha o laucha en Valdivia y Febrés (Lenz # 700), pero no tiene cognado en mapuche moderno y tiene una difusión que sugiere origen andino central. Para quiltro ( # 1227) da "seguramente mapuche", porque no viene en los antiguos misioneros, ni aparece en Middendorf, ni tiene cognado en mapuche moderno. Lenz no consideró la posibilidad de que el étimo fuese un arcaísmo quechua sureño -y que ésta sea la razón por la cual no aparezca en Middendorf. Es una posibilidad que yo hubiera considerado frente a palabras como quique ( # 1245). Por lo demás nada asegura que todas las palabras registradas en los antiguos misioneros sean tradicionalmente mapuches y que no haya entre ellas quechuismos no advertidos por el recolector, por ejemplo, peuco ( # 1052). Además, está claro que no es buena cosa registrar sin distinción alguna mapuchismos antiguos, tomados obviamente durante el período colonial de los dialectos nortinos hoy desaparecidos, como quetro ( # 1212), de otros como menuco ( # 864), que es un ruralismo -hoy desusado por lo demás de la Frontera, claramente incorporado después de la Pacificación de la Araucanía, y por lo tanto procedente del mapuche central. Esto último lleva directamente al punto en mi opinión más crítico del Diccionario Etimológico de Lenz: la heterogeneidad socio-cultural de sus indigenismos léxicos. Simplemente distorsiona la realidad lingüística incluir como "voces chilenas" a palabras como huecuvu o mudai; y desde el punto de vista etno-lingüístico, las palabras de flora y fauna, o, en general, del mundo natural, están muy cerca de la trivialidad, en especial si son ruralismos ocasionales, de fugaz circulación, de dudosa integración al léxico común . Para la visión histórico-cultural del léxico, el Diccionario Etimológico es una aceptable base de datos que deben ser sopesados muy críticamente por el analista moderno.
Al estado actual de los estudios de lingüística mapuche, la mayor parte de las observaciones fonéticas y gramaticales de Rodolfo Lenz han sido superadas. Dentro de este contexto hay que destacar, sin embargo, que su división dialectal se ha visto confirmada en sus líneas generales por los estudios modernos: la división en dialectos de Robert A. Croese () y la zonificación de base cultural y lingüística de Dannemann y Valencia ().
Robert A. Croese distingue tres ramas: norte, central y sur, correspondientes respectivamente al picunche, moluche-pehuenche y huilliche de Lenz, subdivididas en ocho subgrupos, numerados de I a VIII. La rama norte abarca los grupos I y II; la rama central presenta dos sub-agrupaciones, en una los sub-grupos III y IV, y en la otra, los sub-grupos V, VI y VII; la rama sur está integrada por el sub-grupo VIII.
El sub-grupo I está localizado en la Cordillera de Nahuelbuta. El sub-grupo II ocupa el llano central y la Cordillera de los Andes, desde el río Bío-Bío hasta la altura de Victoria (Provincia de Malleco, IX Región) . El sub-grupo III aparece en una pequeña área circundante a la ciudad de Galvarino (Provincia de Malleco, IX Región). La Provincia de Cautín (IX Región) está ocupada por los sub-grupos V (en la costa), VI (en el llano central) y IV (en la Cordillera de los Andes). El sub-grupo VII ocupa todo el ancho del país, concentrado en el área costera, y al interior, alrededor de los lagos Villarrica, Calafquén y Panguipulli. El subgrupo VIII está situado alrededor del lago Ranco y en la costa de la Provincia de Osorno, X Región (V. mapa en Croese (:38).
Según Croese no hay comprensibilidad mutua entre el sub-grupo VIII y los restantes; entre éstos
Los subgrupos I y II (de la rama norte), además de ser mutuamente inteligibles entre sí, aparecen como mutuamente inteligibles con los otros cinco subgrupos centrales aunque no sin alguna dificultad inicial de comprensión y comunicación (:22).
Ramas y sub-grupos fueron establecidos sobre la base de diferencias en el fonetismo y en algunos ítems léxicos que aparecieron en una lista de prueba de unos 180 términos, elicitada en 33 localidades, un informante en cada una. Del total del cuestionario, 35 palabras no variaron en toda el área; 12 palabras aparecieron con divergencias sólo en el sub-grupo VIII: 21 palabras mostraron variaciones que no aparecieron vinculables al factor geográfico, y 18 no pudieron ser utilizadas por diversas razones. Esto significa que las distinciones más matizadas (sub-grupos I-VII) se establecieron a partir de unos 86 ítems. La exploración no incluyó a los grupos radicados en el Alto Bío-Bío, los que según datos que requieren verificación (Sánchez ) presentan algunas diferencias en la fonología y en el léxico con respecto a la población mapuche del llano central y del área cordillerana más meridional. En este sentido, el mapa de Croese (:38) tiene el inconveniente de presentar como hecho seguro que el pehuenche del Alto Bío-Bío pertenece al grupo II.
Encuentro que Croese llevó demasiado lejos su fragmentacionismo. En primer lugar, para una visión actual de la dialectología mapuche, la comprometida vitalidad del vernáculo en la Provincia de Osorno (X Región) hace muy dudosa la existencia real del sub-grupo VIII, rama sur, de Croese (sectores del lago Ranco y de San Juan de la Costa). Posiblemente el subgrupo VII, rama central, esté bien justificado, pero por razones diferentes a las aducidas por Croese. Se puede sostener la distinción entre rama norte y rama central, siempre y cuando se tenga presente que los diferenciadores se reducen a unos pocos detalles fonéticos y a uno que otro ítem léxico. Ahora, las divisiones internas a cada rama (I y II en la rama norte, III, IV, V y VI en la rama central) están muy débilmente justificadas: muchas de las diferencias en la fonología detectadas por Croese y consideradas por él como indicadores de variación dialectal, caen dentro de la llamada "fluctuación de fonemas", de la que hay testimonios, sin referencia geográfica, en todos tratadistas, desde Febrés y Havestadt adelante, hasta Mary R. Key (, , ), quien las encontró en uno solo de los dialectos de Croese, el subgrupo VI. Cual más, cual menos, todas esas variaciones las he observado yo en los grupos IV, V y VI. En el grupo VI que es el que mejor conozco, se dan casi todas las variaciones indicadas por Croese como privativas de otros grupos. Otras diferencias parecen motivadas no en el dialectalismo, sino en otros factores de variación: estilísticos (como habla afectiva vs. habla neutra), situacionales (habla lenta vs. habla rápida; habla deliberada vs. habla casual), uso (habla coloquial vs. habla especializada), hispanización de la fonología tradicional por efecto del bilingüismo masivo (habla "clásica" vs. habla hispanizada), etc. Variaciones de este tipo se dan en todas las áreas y hasta en el habla del mismo individuo, por lo que difícilmente podrían considerarse indicadores de variación dialectal. Las diferencias léxicas registradas por Croese son todavía más vidriosas: algunas corresponden en realidad a sinónimos, otras a diferentes aproximaciones mapuches posibles para el mismo ítem léxico hispánico, etc., de modo que su valor como indicadores de variación dialectal debería ser revisado muy cuidadosamente.
Lo que más me sorprende del trabajo de Croese son afirmaciones como las siguientes
. . . las (inter)dentales [t^ n^ l^ ]() están prácticamcnte perdidas. . . la antigua distinción entre dental y alveolar es irrelevante para cualquier diferencia dialectal actual. . . no encontramos ninguna conciencia entre los nativos de la separación de los fonemas aludidos (: 14).
En realidad, la distinción entre las interdentales (o dentales) [t^ n^ l^] y las alveolares [t, n, 1], rastreable desde el P. Luis de Valdivia, ha sido refrendada por todos los observadores modernos, desde Lenz ( Estudio V: 508-5 l 1;:242) en adelante, tanto en Chile (entre otros, Echeverría , Lagos , ) como en Argentina (Golbert , Fernández Garay y Golluscio , Fernández Garay ). Desde que apareció el artículo de Croese, yo he puesto especial atención a la distinción entre las interdentales y sus contrapartidas alveolares, y he llegado a la convicción de que
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[1^,n^] ocurren sistemáticamente como interdentales, opuestas a las alveolares correspondientes; y
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[t^] presenta una situación algo más compleja, ya que en algunas personas está claramente en contraste con [t] alveolar, en estos casos su articulación es interdental; en algunas personas hay [t^] interdental, pero como alófono de /t/ alveolar ante la vocal /u/; en algunas personas no existe la distinción, sino que se ha llegado a una sola [t] con una articulación "de compromiso" que no es ni interdental ni alveolar, sino más bien postdental o sub-alveolar. En ningún caso la situación pudo vincularse a factores geográficos. Hay que destacar que incluso en estos individuos, la articulación es interdental en algunos ítems léxicos aislados, como [füt^a] 'marido' o [müt^a] 'cuerno'. Con respecto a la falta de "conciencia entre los nativos de la separación de los fonemas aludidos. . . " (Croese 1980: 14), sólo tengo que recordar aquí que en las sesiones de preparación del llamado "alfabeto mapuche unificado" (V. Sociedad Chilena de Lingüística ), la mayoría de los participantes -hablantes nativos de mapudungu- insistieron en que se diera representación gráfica a los fonemas interdentales /t^, n^, l^/ separada de sus contrapartidas alveolares /t, n, l/, a pesar de las serias dificultades técnicas que esta exigencia planteaba y de que yo les sugerí claramente la posibilidad de sub-diferenciar en este punto. Los participantes en el taller de alfabetización de la Universidad Católica de Temuco procedieron del mismo modo (Huisca et al. ; V también el resumen de Hernández ); y a partir de la segunda edición de Feley Taiñ Mapudunguael (Cayulao et al.) los autores nativos de los talleres del Instituto Lingüístico de Verano, siguieron esta misma práctica. Si esto no es "conciencia de los nativos" de la existencia de los fonemas interdentales, no sé qué podría ser.
Frente a que " esta distinción es irrelevante para cualquier diferencia dialectal actual " (Croese :14) sólo habría que decir que al menos para la caracterización del ranquel -el dialecto mapuche más septentrional de Argentina- la distinción entre interdentales y alveolares sí es relevante según el informe de Fernández Garay , en ranquel no existe la distinción (V el cuadro fonológico en 1991: 99) y la lista léxica (1991: 105-108), lo que junto a otros rasgos del fonetismo, separa a este dialecto del pehuenche argentino, descrito por Golbert y Fernández Garay , que sí presentan la distinción En Chile, Gilberto Sánchez no encuentra la distinción entre los pehuenches del Alto Bío-Bío (: 291-293); en lo cual este dialecto diferiría (a) del picunche del llano central y (b) del pehuenche meridional (de las Provincias de Malloco y Cautín, IX Región) Si la descripción de Sánchez es factualmente correcta, nuevamente la distinción es -contra la tajante afirmación de Croese- importante para la dialectología caracterizaría al pehuenche del Alío Bío-Bío como una isla lingüística dentro del territorio mapuche chileno. Tengo que hacer notar que yo he escuchado a gente del Alto Bío-Bío, concretamente de Cauñicú, la misma localidad en que Sánchez recogió sus textos de 1989, y me parece que en lo que respecta a la separación entre interdentales y alveolares, no hay grandes diferencias en relación a lo que ocurre en el resto de la Araucanía. A fortiori Pedro Aguilera Milla, un escritor pehuenche, precisamente de Cauñicú, grafica consistentemente la distinción en sus textos (,), incluyendo el par mínimo füt^a 'marido' vs. füta 'grande, mucho', aducido por mí y enfáticamente negado por Sánchez, para quien "en ambos casos la realización de /t/ es interdental" (:293, mi subrayado) En los datos de la localidad de Mallamalla (Alto Bío-Bío) con los que he tenido contacto, la distinción entre interdentales y alveolares, no me parece tan consistente como en Cauñicú, pero esto no significa que no exista, sino sólo que puede ser un contraste marginal o recedente.
Para mí el único rasgo de la fonología que podría vincularse de un modo realista con la dimensión espacial, es el tratamiento de las fricativas labiodental e interdental, en cuya realización predominan definitivamente los alófonos sonoros [v, d_]() en el norte del área, y a medida que se avanza hacia el sur, se va haciendo más notoria la predominancia de los alófonos sordos [f, þ](). En el sur del territorio (el huilliche de Lenz; rama sur, sub-grupo VIII de Croese) con todo el desmantelamiento local del vernáculo, todavía se puede apreciar el predominio de las realizaciones sordas Todo esto en el bienentendido de que se trata (a) de una cuestión de simple detalle fonético, y (b) de predominancia -no exclusión- de unas realizaciones alofónicas sobre otras, y sólo en relación a esos dos fonemas de la lengua.
Frente a una situación como la descrita, el fragmentacionismo de Croese distorsiona la realidad, exagerando la importancia de minucias fonéticas y de uno que otro ítem léxico.
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