4. LA FONOLOGÍA
El primer estudio profesional moderno del mapuche es una re-interpretación fonológica del dialecto llamado pehuenche chileno, documentado por Rodolfo Lenz ( Estudio V), preparada por Jorge A. Suárez (), en la cual las distinciones fonéticas registradas por Lenz son (a) vaciadas en un modelo estandarizado de descripción fonética articulatoria; y (b) interpretadas desde el punto de vista de su rendimiento contrastivo en términos del análisis fonémico distribucional usual en el descriptivismo norteamericano.
Del análisis de Suárez resulta un inventario de seis fonemas vocálicos y 21 fonemas consonánticos, con los correspondientes detalles de su realización alofónica y su pauta de distribución en unidades silábicas, el que ha sido corroborado en sus líneas generales por todos los observadores posteriores. Los puntos inconclusivos señalados por Suárez (: 179-180) se deben parcialmente a las limitaciones del corpus, parcialmente a que están motivadas en la sobre-diferenciación fonética, frecuente en las transcripciones de Lenz. Algunos de estos puntos dudosos se han ido solucionando solos, a la vista de cantidades masivas de datos, recogidos a través de toda la Araucanía, con toda la parsimonia necesaria, y lo que es más importante, con una audición fonémicamente orientada.
Suárez fue cl primero en advertir que el rasgo más sorprendente del sistema fonológico mapuche es
...the fact that it exhibits five phonemically distinct positions in the nasal series [el hecho de que en la serie nasal presenta cinco posiciones fonémicamente diferentes] (:178 y nota 5 al pie de página).
Destaca Suárez como otra particularidad de la lengua la frecuencia del fenómeno de la fluctuación de fonemas, muchas veces intrincada con la expresión de matices afectivos (: 178,180). Este último tema ha sido posteriormente retomado por Mary R. Key (, ,), vinculándolo con los cambios lingüísticos en la línea diacrónica.
El mismo año de la publicación de su análisis fonémico del pehuenche chileno documentado por Lenz, o tal vez un año antes, en 1958, Jorge A. Suárez puso a disposición de los círculos profesionales argentinos un manuscrito titulado "Observaciones sobre el dialecto Manzanero", correspondiente al pehuenche argentino de Quila Quina, en el lago Lacar, Provincia de Neuquén (Suárez ), al que desgraciadamente no he tenido acceso directo, ni en la versión original, ni en la reimpresión de 1988.
Otras descripciones fonológicas del mapuche hablado en Argentina: Golbert : 177-180, del pehuenche de Rucachoroy, Provincia de Neuquén; Fernández Garay : 142, nota 1, y 1982, del pehuenche de Anecón Grande, Provincia de Río Negro; Fernández Garay , del ranquel, hablada al NO de la Provincia de La Pampa, y retomado en 1991, integrándolo en una discusión panorámica de la fonología de los dialectos mapuches argentinos ( 1991:99-105). No he podido consultar Acuña , del pehuenche de Ancatruz, en el área sur de la Provincia de Neuquén, pero aparece discutido en Fernández Garay :102.
Para Chile la primera descripción fonológica preparada directamente sobre materiales vivos, recogidos por el propio analista, es la de Max S. Echeverría Weasson, publicada en una versión preliminar de circulación restringida de 1963, una versión definitiva publicada en y una versión en inglés, de formato muy conciso, publicada en 1965 en colaboración con Heles Contreras (Contreras y Echeverría ). De estas tres, al menos en Chile, la de 1964 es la que ha sido mayormente utilizada como punto de referencia en las descripciones fonológicas posteriores y en los estudios morfosintácticos. Por su disposición "paso a paso" y sus abundantes ejemplos, se presta muy bien para efectos de iniciación a los estudios de araucanística. Sin embargo, para consultas ocasionales o para formarse una idea rápida de la fonología de la lengua, es más cómodo Contreras y Echeverría .
La información etnográfica contenida en las pp.13-15 de Echeverría , está hoy del todo superada: en lo que respecta a la división usual en sub-grupos, basada en rasgos culturales, para mejor conocimiento puede consultarse Dannemann y Valencia (:20-31) o la disposición general de los contenidos en Zapater . Las cifras poblacionales de Echeverría (:15) han de ser desestimadas: desde los trabajos de Milan Stuchlik en adelante, el cálculo de población generalmente aceptado entre los antropólogos es de 400.000-500.000 personas para Chile (Stuchlik :9) y 40.000-50.000 para Argentina (Golbert :8; Nardi , citado en Saugy :25).
Entre las pp. 15-19 Echeverría hace una breve presentación crítica del tratamiento de los sonidos mapuches en Félix de Augusta (: 1-2), y del re-análisis de Jorge A. Suárez de los materiales pehuenches de Lenz (V. especialmente : 18-19). En las pp.26-27 viene una lista de los fonos mapuches descritos articulatoriamente. A continuación siguen el análisis fonémico (pp.25-40), la lista de fonemas segmentales (seis vocales, veinte consonantes) con su realización alofónica (pp.40-43), la disposición de los fonemas en términos de sus rasgos distintivos (pp.43-44), fonotaxis: grupos vocálicos, grupos consonánticos, estructura silábica (pp. 44-46). Hay además una breve presentación y discusión de los componentes suprasegmentales: acento, junturas terminales, niveles tonales (pp. 46-50); transcripción fonética del corpus (107 ítems léxicos aislados y 43 oraciones cortas (pp 51-55), y bibliografía (pp. 55-57).
La descripción de Echeverría es un trabajo académicamente sólido y realista, confirmado -salvo en detalles menores de la realización alofónica y en la interpretación fonémica de algunos segmentos de estatus dudoso- por todos los estudios fonológicos posteriores (por ejemplo, Daniel Lagos ,). Al ofrecer una descripción fonológica confiable y bien orientada a los datos, Echeverría abrió el camino para el desarrollo posterior de todas las áreas de la lingüística mapuche en Chile.
La versión de 1963 de la descripción de Echeverría fue reseñada por Jorge A. Suárez () desde la perspectiva de su re-interpretación de los datos pehuenches de Lenz (Suárez ) y de su experiencia directa con el dialecto argentino Manzanero
. . . a variety of Araucanian which appears to be almost identical with the one Echeverría describes [una variedad del araucano que parece ser casi idéntica a la que describe Echeverría] (Suárez : 285).
Suárez está en desacuerdo con Echeverría en la interpretación fonémica de dos segmentos: la fricativa velar sonora [g_]() y la fricativa palatal áfona [š] las que para él tienen estatus fonémico separado de la vocal cerrada posterior no redondeada [ü] y de la africada palatal áfona [c]() respectivamente. Resulta, entonces, un inventario de veintitrés consonantes. Suárez no considera definitivo el análisis fonémico de los componentes fonéticos suprasegmentales ofrecido por Echeverría.
En apareció una descripción mía de la fonología mapuche, presentada en lenguaje de divulgación, en la que quedaron fijadas las diferencias más importantes entre mi análisis y los de Echeverría y Suárez : yo asigno estatus fonémico a la fricativa velar sonora, coincidiendo con Suárez, y considero que la fricativa ápico-alveolar sorda [s] y la fricativa palatal sorda [š], son alófonos del mismo fonema, en lo que me separo tanto de Echeverría como de Suárez. Así, mi inventario consta de veintisiete fonemas seis vocales y veintiuna consonantes. Me parece que en lo que respecta a los detalles fonéticos mi presentación de es más prolija que las de mis predecesores. Lamentablemente, el artículo apareció tan mal impreso que es preferible prescindir completamente de él y recurrir más bien a mi artículo de .
En varios de sus trabajos histórico-comparativos, Mary R Key ha llamado la atención (a) sobre los valores afectivos asociados a la relación entre la fricativa interdental sorda [0], la fricativa ápico-alveolar sorda [s] y la africada palatal sorda [c]; (b) sobre la relación entre [s] y [r], una fricativa retrofleja sonora o sorda; y (c) sobre los numerosos casos de fluctuación de fonemas. En vinculación con este último punto ha hecho notar que en una lengua dada, la cantidad de fluctuaciones está en relación inversa a la cantidad de pares mínimos: en mapuche hay mucha fluctuación y pocos pares mínimos. Para Key la alternancia de fonemas asociada a la expresión de la afectividad, la fluctuación de fonemas y la variación alofónica, pueden ser interpretadas como reflejos de procesos histórico-evolutivos dentro de un conjunto de lenguas genéticamente emparentadas.
En : 47 y : 284, Key hace algunas observaciones relativas a la frecuencia y distribución de algunos fonemas mapuches, las que deberían ser revisadas; en particular, creo que afirmaciones como
Los fonemas dentales t^, n^y l^ son poco frecuentes, como lo son las alveopalatales ñ y ll (), la velar h las nasales finales son raras en otros morfemas que no sean verbos ... la nasal velar nunca ocurre tras vocales anteriores ( 47).
Fricatives f and þ (*) occur rarely in final position [las fricativas f y þ ocurren raramente en posición final] (: 284).
deben ser matizadas.
En 1981 apareció una descripción fonológica titulada "El estrato fónico del mapudungu(n)", preparada por Daniel Lagos, y correspondiente a la lengua hablada en la IX Región, abarcando localidades de la cordillera, llano central y costa, desde Collipulli (Provincia de Malleco) hasta Temuco (Provincia de Cautín), sobre un total de 27 informantes. Es, entonces, un trabajo de amplia cobertura y de muy buen nivel de confiabilidad. Debe destacarse que es la primera descripción que incluye observación sistemática del área nortina del territorio mapuche actual.
Lagos llega a un inventario de 26 fonemas segmentales, de los cuales 6 son vocales y 20 son consonantes, descritas en términos de sus parámetros articulatorios de contraste. El fonema de la discordia es la fricativa velar sonora [g_] (), fonémica para Suárez y para mí, no fonémica para Echeverría y Lagos. Además, Lagos reúne en un solo fonema a los segmentos fricativo alveolar sordo [s] y fricativo alveo-palatal sordo [š]; este tratamiento coincide con el mío y difiere del de Echeverría y del de Suárez. Para Echeverría [s] es un alófono del fonema /c/ () y para Suárez /s/ es un fonema separado, tanto de /š/ como de /c/. Adicionalmente, Lagos trata a las vocales altas no silábicas [i^,u^] () como alófonos de las vocales /i, u/ y no como segmentos fonológicamente consonánticos, agrupados con los fonemas /y, w/ respectivamente.
Para asegurar la descripción fonética de la vocal alta posterior no redondeada [ü], Lagos recurre al examen de espectrogramas, que la comprueban como vocal posterior; sin embargo registra una realización central de altura media [@] ().
Otra novedad del artículo de Lagos es el estudio de la frecuencia de los fonemas en listas léxicas y textos.
En Lagos describe brevemente la fonología del mapuche hablado en la Comuna de Victoria, Provincia de Malleco, IX Región. Discute en especial (a) las realizaciones del fonema fricativo labial: bilabial sonora [b_]() bilabial sorda [p_] () y labiodental sonora [v]; y labiodental sorda [f]; y (b) las realizaciones sonora [d_] () y sorda [þ] () del fonema fricativo dental (p.45), situándolas más adelante en dos mapas esquemáticos del área estudiada (pp.49-50). Si entiendo correctamente la presentación de Lagos, me queda confirmada mi impresión de que las distintas realizaciones de estos fonemas están en variación libre, y que lo único que se puede predecir en términos geográficos es la tendencia al predominio de las realizaciones sonoras hacia el norte y de las realizaciones sordas hacia el sur.
Lagos dedica algunas líneas (p.46) a dejar muy claro que para él es segmento fricativo velar sonoro [g] es (a) un desarrollo consonántico de la llamada "sexta vocal" (alta posterior no redondeada /ü/) en lo que yo estaría completamente de acuerdo si se dijese cuando ocurre (precediendo a la sexta vocal cuando ésta está en posición inicial de palabra, siguiéndola cuando ésta está en posición final de palabra); y (b)
. . . una realización consonántica del fonema [la sexta vocal] cuando está en contacto con otras vocales... y no como un fonema (:46)
cuyo razonamiento no entiendo: si [g_] () es articulatoriamente una consonante -descrita como fricativa velar sonora- y en la sílaba ocupa una posición no focal, o sea, consonántica -en el ejemplo de Lagos las configuraciones silábicas posibles son [nag_-an-tü] o [na-g_an-tü]- no me queda claro qué inconveniente hay para asignarle directamente el estatus de consonante, paralelo al de /y, w/, así
consonantes /y w g_/ vocales /i u ü/
En Pilar Alvarez-Santullano presentó una descripción fonológica del dialecto huilliche hablado en San Juan de la Costa (Provincia de Osorno, X Región). Una segunda presentación () más resumida y dispuesta en formato contrastivo (huilliche-castellano), es menos eficiente para formarse una idea general del estado actual del sistema fonológico del vernáculo hablado en el área.
Los datos de Alvarez-Santullano muestran un alto grado de desmantelamiento del sistema fonológico tradicional, reflejo del estado terminal del huilliche osornino. En estas condiciones sólo se pueden hacer meras conjeturas sobre lo que fue la fonología en el huilliche en las etapas anteriores al período desintegrativo. Se puede sospechar que el huilliche tuvo en algún momento fonemas interdentales /t^, n^, l^ / () opuestos a los alveolares /t, n, ll, distinción conservada hoy sólo vestigialmente. Es posible inferir que alguna vez el huilliche tuvo una pronunciación fuertemente retrofleja de las ápico-alveolares /1, r/ de los dialectos nortinos. Tal vez estas retroflejas huilliches sean lo que repetidas veces Lenz llamó "fricativas sordas". A mi juicio acertadamente Alvarez-Santullano transcribe la /r/ retrofleja como [s°](), destacando implícitamente con ello que en su articulación no se percibe ningún rehilamiento, de modo que el sonido en cuestión es más del tipo "s" que del tipo "r".
Alvarez-Santullano destaca la alta frecuencia huilliche del fenómeno de la fluctuación de fonemas. En mi opinión, hay que distinguir aquí entre lo que es fluctuación propiamente tal (siempre entre fonemas que tienen similitud fonética), lo que es hispanización de la fonología del vernáculo, y lo que es simple inconsistencia en la pronunciación por pérdida de competencia en vernáculo por parte de los informantes. La fluctuación de fonemas es característica general del mapuche, los otros dos fenómenos son característicos de una lengua en proceso recesivo.
En 1989 en su artículo"Relatos orales en pewence chileno", Gilberto Sánchez presentó una breve descripción fonológica del pehuenche del Alto Bío-Bío (:291-293). Destaca él la ausencia de las interdentales /t^, n^,l^/, de lo que no estoy en absoluto convencido, por lo menos para la localidad de Cauñicú -precisamente donde Sánchez recogió sus textos. En la percepción de Sánchez las fricativas labiodental e interdental se realizan sonoras o ensordecidas, nunca sordas. En mi experiencia predominan las sonoras, pero se escuchan ocasionalmente realizaciones definitivamente sordas.
Sánchez no considera estatus fonémico para la semi-consonante fricativa velar sonora lenis [g], sino como
...apoyo consonántico del fonema vocálico /ï/ (:293)
pero sin precisar los contextos en que tal apoyo consonántico ocurre. Está claro que ésta no es una peculiaridad pehuenche, sino es un rasgo mapuche general, bien descrito en la literatura, o
...un alófono del mismo [el fonema vocálico /ï/] (:293)
lo que es inconsistente con el tratamiento que él da a las otras dos semiconsonantes [j, w], las que reciben asignado estatus fonémico consonántico.
El proceso de velarización de /k,m, n/ pronunciadas como nasal velar /gn/ () (p.293), queda mejor tratado como manifestación de la fluctuación de fonemas. Sólo me consta para /m, n/ no para /k/.
Pura confusión se produce en los textos cuando se incluyen directamente en la transcripción procesos fonotácticos o morfofonémicos predecibles y regulares, tales como la reducción del grupo /ei/ en /i/ (p.291) o del grupo /ua/ en /o/ (p.292) o el cambio del grupo /ae/ en /aa/ (p.292).
En algunos casos no es conveniente describir una fonología sin una base mínima de análisis gramatical. Se habrían evitado afirmaciones tan poco afortunadas como
/a/ ocurre frecuentemente como /aa/, en formas del futuro del modo indicativo (o real) v.gr. dugnulaaviñ 'no voy a hablarle' (:292)
donde no hay ningún extraño proceso que afecte al fonema /a/ reduplicándolo; lo que ocurre es que el morfema de negación se manifiesta en modo real por el alomorfo -la, y el morfema de futuro es -a, y de ahí la secuencia /aa/. Ahora, en mapuche central -y creo que también en pehuenche- es sistemático que se produzca inserción de [y] vacua entre las dos /a/. Tampoco es buena idea incluir en la transcripción fonémica (la que por definición corresponde al sistema) recursos fonéticos de expresión de énfasis, tensión, suspenso o expectación, tales como el alargamiento vocálico o consonántico (:296). Se trata de fenómenos paralingüísticos, o sea, que están al lado afuera del sistema fonológico de la lengua. Su representación no hace otra cosa sino oscurecer el análisis morfológico de los textos.
En Emilio Rivano publicó la primera presentación del vocalismo mapuche expresada en términos de una matriz de cuatro rasgos (high, low, front, labial) en la que quedan incluidos todos los contrastes vocálicos con su especificación mínima. Se formula un conjunto de reglas de transformación de rasgos, las que se aplican en una secuencia ordenada para dar cuenta de diversos procesos de realización alofónica y de fonotáctica. Inicialmente Rivano no usa el rasgo front
, sino su opuesto, back (p. 137), pero decidió el cambio para poder formular su regla XXI (p. 142) que da cuenta de la realización [@]() de la sexta vocal /ü/.